EXISTIR
He
interrumpido por unos momentos “El mundo como yo lo veo” de Albert Einstein, por cierto, para
mí ahora tiene incluso más sentido que leer “La Peste”, de Albert
Camus, cuestión de subjetividades.
Por mi biblioteca, acompañado de Albert Einstein. Foto, Paco Castillo.
Decía que
di un descanso a Einstein, y nada más apurar el café (solo y sin
azúcar), una corriente invisible me ha impulsado hasta Emily Dickinson... tal
vez por una suerte de empatía hacia alguien que convirtió el confinamiento
hogareño en su modus vivendi.
Por mi biblioteca, con Emily Dickinson. Foto, Paco Castillo.
Leyendo a
Marià Manent, traductora de esta edición (Editorial Juventud) y autora
del interesante prólogo, donde apenas me había detenido otras veces, me topo
con un fragmento; rescata la propia respuesta de Emily a propósito de una
pregunta sobre su soledad escogida, y enigmática para tantos:
“Cuando
en cierta ocasión le preguntaron por qué no le gustaba recorrer el mundo, dijo que el hecho de existir ya le
bastaba. Todo el tremendo drama de la existencia se desplegaba para ella en
su estancia, en su jardín y en su alma.”
Y me digo
que su reflexión no está nada mal para ir trajinando con el encierro. Puede
que en el fondo me esté aplicando un ingenuo placebo mental, pero ahora es lo
que hay, ¿quién da más?
Así que comienzo a tirar de ese
hilo suelto dejado por Emily Dickinson.
En estos momentos de reclusión
obligatoria, parapetados en la seguridad del hogar, asistimos impávidos al
desmoronamiento de nuestra cotidianidad, es decir, la vida que acontecía al
cerrar las puertas de casa y salir al mundo…
Feria del libro 2015, Madrid. Foto, Paco Castillo.
A trabajar, a pasear, a estudiar,
a enamorarse, a despedirse, a echar un partido de tenis, a la petanca, a reír,
a llorar, a jugar con tus hijos, a cenar con tu mujer, a visitar París, a ver
un partido de fútbol, a la boda de un amigo, al sepelio de un ser querido, a
navegar en una barca, a echar la bonoloto, a las actividades culturales, a comer ceviche peruano en
un restaurante, acudir al cole para recoger a tus hijos, a la playa de
vacaciones, asistir a un concierto de rock, a tomar unas cañas o un vino en la
tasca, a la ópera, a una feria del libro cualquiera, a salir al campo con un libro de poesía, a escalar una montaña, etc,
etc.
"Búsqueda", Jóhann Hjálmarsson. Litoral asturiano, año 2016, foto de Paco Castillo.
Esa es la otra VIDA , acaso la que más nos acapara, la
que nos va robando el tiempo, esa que nos impide situarnos frente a frente con
nuestra EXISTENCIA al desnudo.
-Nosotros-
"Nosotros que de jóvenes hacíamos castillos en la arena
de la costa dorada
mientras las ondas suaves se acercaban
hasta la playa azul
y los elfos danzaban en las rocas
donde el júbilo habita
Sí, nosotros
¿qué somos sino impuros vagabundos
que miran en la noche
con ojos llenos de desesperanza?"
"Búsqueda", Jóhann Hjálmarsson
Y de repente, mutilada esta VIDA , la que siempre se vestía de
realidad, esa que discurre con movimiento centrífugo, desde dentro hacia fuera,
nos vemos a solas con nuestra EXISTENCIA… en su fluir centrípeto, hacia dentro. Y cuánta extrañeza nos causa saber que existimos… tan ocupados
como nos tenía la otra VIDA , esa que nos impedía reparar en nuestra EXISTENCIA.
"Si no estuviera viva
cuando los Petirrojos vengan,
al de la Corbata Encarnada
dale una miga en mi Memoria.
Y si no te pudiera dar las gracias
por estar muy dormida,
has de saber que lo estaré intentando
con labios de Granito."
“Si no estuviera viva cuando
vuelvan”. Emily Dickinson.
Petirrojo, foto de Paco Castillo.
Hasta que la otra VIDA nos ha parado en seco sirviéndose
de un virus con ínfulas de rey, con su corona en ristre, cual monarca
absolutista. Un déspota sin piedad.
Existir a secas.
Nunca nos habíamos dado cuenta de
ello con tanta claridad, ahí
quietos, dejando que el existir, sin más
objeto que respirar y estar vivo junto a nuestra familia, caiga con todo su
peso sobre nosotros, en nuestro encierro. Salvo unos cuantos congéneres, de
cuya labor afuera bregando con la tragedia dependemos el resto, estamos
encerrados con nuestra existencia, y nos sentimos confusos al observarla en
toda su magnitud.
Todo se ha reducido a existir, sin
más.
Este es el mero existir entre las
paredes de casa, ese que le bastaba a Emily Dickinson para cohabitar con
la realidad.
Pero yo tengo un problema, viendo
que el panorama pandémico va para largo, me he propuesto ser un poeta como Emily
Dickinson, no es para encandilar a nadie, vanamente imagino que con alma de poeta
puedo transformar aquella otra VIDA anulada en el confinamiento de ahora… pero no sé escribir
poemas.
"Búsqueda", Jóhann Hjálmarsson. Foto, Paco Castillo.
Regreso
El verde, más profundo,
el cielo, más cercano,
los claros, más azules,
la calma, más extraña.
Nadie a quien ver.
Jóhann Hjálmarsson
Frente al caballito de madera, 21 de marzo de 2020, esta mañana sobre las 12:00 m. Nadie a quien ver... foto, Paco Castillo.
Pocas opciones me quedan, salvo
asomarme al balcón y encontrar alguna señal, entre tanta ausencia, de esa VIDA .
Y cada mañana pasa lo mismo, veo
en mi calle más gorriones que personas.
Gorrión. Foto, Paco Castillo, enero de 2017.
Por la tarde, a eso de las 20:00 p.m,
salgo a aplaudir.
Sé que algunos, esos cuya soberbia intelectual se
extiende en la medida que lo hace el virus, desdeñan
participar en el aplauso, ven esto como un gregarismo ridículo… míralos, hay
está la comuna con el plas, plas, plas…
Entonces yo me acuerdo de Einstein,
busco entre las páginas de “El mundo
como yo lo veo”:
"Al pensar en nuestra vida y aspiraciones, observamos que casi todos nuestros actos y deseos están determinados por la existencia de otros seres humanos. (...)
Comemos alimentos que otros han
plantado, llevamos ropa que otros han fabricado y vivimos en casas que otros
han creado. (…)
Todo lo que una persona es y
significa, no lo es tanto como criatura individual, sino como miembro de una gran
comunidad humana que conduce su existencia material y mental desde el
nacimiento hasta la muerte.”
Y este batir de palmas
comunitarias tal vez nazca de un sentimiento profundo, de esos que suelen
permanecer agazapados en nuestro ser y cuesta detectar.
Excepto para un escritor como Lars
Gustafsson, él se lo arrancó a su protagonista de las entrañas, en "Muerte
de un apicultor":
“Se diría que lo que más asusta
al subconsciente es la sensación de no ser absolutamente nada.”
Foto, Paco Castillo, en un otoño ya distante...
A las 20:00 saldré de nuevo
a aplaudir, y como las pasadas tardes será un mezcla rara entre agradecimiento
(hacia quienes se arriesgan para sostener el barco en la tormenta) y lucha
contra mi subconsciente, ese resistir para no caer en la nada absoluta…
No sé qué hará este país sin
abuelos, y además, cada vez que se va uno es como si lo hiciera un niño.
Os dejo con los islandeses Sigur Rós,
esto va de niños que son abuelos…


