P. Castillo

Safe Creative #1802170294390

sábado, 21 de marzo de 2020

EXISTIR


He interrumpido por unos momentos “El mundo como yo lo veo”  de Albert Einstein, por cierto, para mí ahora tiene incluso más sentido que leer “La Peste”, de Albert Camus, cuestión de subjetividades.


Por mi biblioteca, acompañado de Albert Einstein. Foto, Paco Castillo.


Decía que di un descanso a Einstein, y nada más apurar el café (solo y sin azúcar), una corriente invisible me ha impulsado hasta Emily Dickinson... tal vez por una suerte de empatía hacia alguien que convirtió el confinamiento hogareño en su modus vivendi.

                  Por mi biblioteca, con Emily Dickinson. Foto, Paco Castillo.

Leyendo a Marià Manent, traductora de esta edición (Editorial Juventud) y autora del interesante prólogo, donde apenas me había detenido otras veces, me topo con un fragmento; rescata la propia respuesta de Emily a propósito de una pregunta sobre su soledad escogida, y enigmática para tantos:



“Cuando en cierta ocasión le preguntaron por qué no le gustaba recorrer el  mundo, dijo que el hecho de existir ya le bastaba. Todo el tremendo drama de la existencia se desplegaba para ella en su estancia, en su jardín y en su alma.”


Y me digo que su reflexión no está nada mal para ir trajinando con el encierro. Puede que en el fondo me esté aplicando un ingenuo placebo mental, pero ahora es lo que hay, ¿quién da más?


Así que comienzo a tirar de ese hilo suelto dejado por Emily Dickinson.

En estos momentos de reclusión obligatoria, parapetados en la seguridad del hogar, asistimos impávidos al desmoronamiento de nuestra cotidianidad, es decir, la vida que acontecía al cerrar las puertas de casa y salir al mundo…

Feria del libro 2015, Madrid. Foto, Paco Castillo.

A trabajar, a pasear, a estudiar, a enamorarse, a despedirse, a echar un partido de tenis, a la petanca, a reír, a llorar, a jugar con tus hijos, a cenar con tu mujer, a visitar París, a ver un partido de fútbol, a la boda de un amigo, al sepelio de un ser querido, a navegar en una barca, a echar la bonoloto, a las actividades culturales, a comer ceviche peruano en un restaurante, acudir al cole para recoger a tus hijos, a la playa de vacaciones, asistir a un concierto de rock, a tomar unas cañas o un vino en la tasca, a la ópera, a una feria del libro cualquiera, a salir al campo con un libro de poesía, a escalar una montaña, etc, etc. 


"Búsqueda", Jóhann Hjálmarsson. Litoral asturiano, año 2016, foto de Paco Castillo.



Esa es la otra VIDA, acaso la que más nos acapara, la que nos va robando el tiempo, esa que nos impide situarnos frente a frente con nuestra EXISTENCIA al desnudo.

-Nosotros-

"Nosotros que de jóvenes hacíamos castillos en la arena
de la costa dorada
mientras las ondas suaves se acercaban
hasta la playa azul
y los elfos danzaban en las rocas
donde el júbilo habita

Sí, nosotros
¿qué somos sino impuros vagabundos
que miran en la noche 
con ojos llenos de desesperanza?"

"Búsqueda", Jóhann Hjálmarsson


Y de repente, mutilada esta VIDA, la que siempre se vestía de realidad, esa que discurre con movimiento centrífugo, desde dentro hacia fuera, nos vemos a solas con nuestra EXISTENCIA… en su fluir centrípeto, hacia dentro. Y cuánta extrañeza nos causa saber que existimos… tan ocupados como nos tenía la otra VIDA, esa que nos impedía reparar en nuestra EXISTENCIA.

"Si no estuviera viva
cuando los Petirrojos vengan,
al de la Corbata Encarnada
dale una miga en mi Memoria.

Y si no te pudiera dar las gracias
por estar muy dormida,
has de saber que lo estaré intentando
con labios de Granito."

“Si no estuviera viva cuando vuelvan”. Emily Dickinson.


Petirrojo, foto de Paco Castillo.



Hasta que la otra VIDA nos ha parado en seco sirviéndose de un virus con ínfulas de rey, con su corona en ristre, cual monarca absolutista. Un déspota sin piedad.

Existir a secas.

Nunca nos habíamos dado cuenta de ello con tanta claridad,  ahí quietos,  dejando que el existir, sin más objeto que respirar y estar vivo junto a nuestra familia, caiga con todo su peso sobre nosotros, en nuestro encierro. Salvo unos cuantos congéneres, de cuya labor afuera bregando con la tragedia dependemos el resto, estamos encerrados con nuestra existencia, y nos sentimos confusos al observarla en toda su magnitud.

Todo se ha reducido a existir, sin más.

Este es el mero existir entre las paredes de casa, ese que le bastaba a Emily Dickinson para cohabitar con la realidad.

Pero yo tengo un problema, viendo que el panorama pandémico va para largo, me he propuesto ser un poeta como Emily Dickinson, no es para encandilar a nadie, vanamente imagino que con alma de poeta puedo transformar aquella otra VIDA anulada en  el confinamiento de ahora… pero no sé escribir poemas.

                 "Búsqueda", Jóhann Hjálmarsson. Foto, Paco Castillo.

Regreso

El verde, más profundo,
el cielo, más cercano,
los claros, más azules,
la calma, más extraña.

Nadie a quien ver.

Jóhann Hjálmarsson



Frente al caballito de madera, 21 de marzo de 2020, esta mañana          sobre las 12:00 m. Nadie a quien ver... foto, Paco Castillo.


Pocas opciones me quedan, salvo asomarme al balcón y encontrar alguna señal, entre tanta ausencia, de esa VIDA.

Y cada mañana pasa lo mismo, veo en mi calle más gorriones que personas.

Gorrión. Foto, Paco Castillo, enero de 2017.

Por la tarde, a eso de las 20:00 p.m, salgo a aplaudir. 

Sé que algunos, esos cuya soberbia intelectual se extiende en la medida que lo hace el virus, desdeñan participar en el aplauso, ven esto como un gregarismo ridículo… míralos, hay está la comuna con el plas, plas, plas…

Entonces yo me acuerdo de Einstein, busco entre las páginas de  “El mundo como yo lo veo”:

"Al pensar en nuestra vida y aspiraciones, observamos que casi todos nuestros actos y deseos están determinados por la existencia de otros seres humanos. (...)

Comemos alimentos que otros han plantado, llevamos ropa que otros han fabricado y vivimos en casas que otros han creado. (…)

Todo lo que una persona es y significa, no lo es tanto como criatura individual, sino como miembro de una gran comunidad humana que conduce su existencia material y mental desde el nacimiento hasta la muerte.” 

Y este batir de palmas comunitarias tal vez nazca de un sentimiento profundo, de esos que suelen permanecer agazapados en nuestro ser y cuesta detectar.

Excepto para un escritor como Lars Gustafsson, él se lo arrancó a su protagonista de las entrañas, en "Muerte de un apicultor":

“Se diría que lo que más asusta al subconsciente es la sensación de no ser absolutamente nada.”

Foto, Paco Castillo, en un otoño ya distante...


A las 20:00 saldré de nuevo a aplaudir, y como las pasadas tardes será un mezcla rara entre agradecimiento (hacia quienes se arriesgan para sostener el barco en la tormenta) y lucha contra mi subconsciente, ese resistir para no caer en la nada absoluta…

No sé qué hará este país sin abuelos, y además, cada vez que se va uno es como si lo hiciera un niño.


Os dejo con los islandeses Sigur Rós, esto va de niños que son abuelos…




lunes, 16 de marzo de 2020


Adviento en la montaña (1936). Gunnar Gunnarsson (Islandia, 1889-1975).

Ediciones Encuentro, 2015. Cubierta diseñada por Chiara Ceresa. Prólogo de Jón Kalman. Traducción de Teodoro Manrique Antón. Ilustraciones de Gunnar Gunnarsson junior.


A principios de invierno por Guadarrama, foto de Paco Castillo.


Una modesta iglesia y unas pocas presencias unidas en el mismo propósito, crear una sola y bellísima voz.




Islandia es un país de belleza sobrecogedora, incluso el himno nacional es paradigma de este esplendor, más allá de connotaciones patrióticas y esas cosas.

Quiero abrir con él, y que lo vayáis escuchando desde luego, pues refleja la idiosincrasia de la novela que os traigo, “Adviento en la montaña”, del islandés Gunnar Gunnarsson. 

La sencilla puesta en escena de este coro islandés es el espíritu del que se sirve G. Gunnarsson para contarnos la historia de Benedikt, junto a su perro, Léon, y su carnero, Recio.

Nada más acabar esta pequeña -gran- novela, me vino a la cabeza otra igualmente breve y con análogo estilo intimista, brillante por lo demás; “Escalada”, de Ludwig Hohl (podéis encontrarlo en el lateral), y me dije: ya tengo prácticamente toda la entrada hecha.





Paseando hace un par de semanas… nada hacía sospechar que estaba a punto de quedarme sin mis caminatas. Fotos, Paco Castillo.

En efecto, casi todo de ésta vale para “Adviento en la montaña”; solo hay que sustituir unos nombres por aquí y por allá, cambiar unas cosillas respecto a los escritores, Ludwig Hohl por un lado y Gunnar Gunnarsson por otro, y… habemus publicación.


Tenemos el mismo planteamiento en ambos escritores, construir la historia con los mínimos elementos para desarrollar la novela.

Benedikt, un aguerrido pastor islandés residente en el remoto noroeste de su país, en compañía de su perro León y su carnero Recio, la única familia que tiene, sale en un viaje épico hacia la búsqueda de varias ovejas perdidas en un inhóspito paraje montañoso, un sitio lejano de su poblado y de difícil acceso, y además lo hará en Adviento, avanzado diciembre, en lo más crudo y peligroso del invierno islandés.


                A principios de invierno por Guadarrama, foto de Paco Castillo.


G. Gunnarsson echa mano de un narrador omnisciente que sirve para la vertiente más filosófica de la obra, una vertiente que por lógica ha de surgir cuando el hombre se enfrenta solo con sus fuerzas al poder colosal de la Naturaleza, pues de ahí emana todo un aprendizaje sobre los límites que nos desafían.

Un narrador omnisciente que también se intercala con la voz en primera persona de Benedikt, el solitario protagonista, y sus escasos interlocutores, dos o tres vecinos en cuyas casas se refugiará, camino de su gesta.

Pero estas rudas gentes son parcas en palabras, la naturaleza islandesa y el aislamiento de su tierra les confiere dicho carácter.


Benedikt no es un entusiasta de la conversación. Pero no es huraño, al contrario, en el escaso trato que tiene con sus semejantes es correcto y afable. Sin embargo, los mimos y los cariños los guarda para León y Recio, y éstos le corresponden en la misma medida.


- Parón de las 20:00 pm, acabo de asomarme al balcón para aplaudir. -


Ni siquiera son suyas las ovejas extraviadas, sino de otros vecinos del pueblo. Simplemente considera que ha de ser él quien emprenda el trance… porque el resto sería incapaz de afrontarlo con garantías de volver, y sus vecinos saben que es así. Nadie como Benedikt para adentrarse en ese mortífero escenario, cuando reina la cara más despiadada del invierno islandés.

            A principios de invierno por Guadarrama, foto de Paco Castillo.


Benedikt sabe que si falla en la empresa, cosa posible, y sus restos se ocultan para la eternidad entre las nieves, no dejará a ninguna esposa e hijos desvalidos. Contará con la inestimable ayuda de León y Recio.


Vive solo, excepto con sus dos amigos, así los considera él; su perro, León, y Recio, su carnero. No espera ni desea a nadie más.

En realidad, Benedikt emprende esa larga travesía a las montañas invernales cada año, siempre en el Adviento.
Así lo lleva haciendo durante los últimos 27 años, y lo que al principio era una osada excursión para embriagarse de adrenalina vital, cuando sus músculos estaban en la plenitud, la costumbre hizo que se convirtiese en una liturgia ineludible, esas que todos nosotros vamos sosteniendo a lo largo de nuestra existencia, ya sean desmesuradas como esta, o nimias, como saborear el café de sobremesa. 

Foto, Paco Castillo.


Pero nunca lo había hecho con unas condiciones meteorológicas tan adversas, y eso, aparte de rescatar a las ovejas, complica bastante las cosas en una incursión de por sí peliaguda… ciertamente, la tormenta que han vaticinado por las inmediaciones es de las que quitan el hipo.

Gunnar Gunnarsson es un clásico de la literatura islandesa, de obligada lectura en los programas escolares, incluida la universidad, del país.


No le falta razón al escritor Jón Kalman Stefánsson en su profuso prólogo, cuando señala la larga sombra de Halldór Laxness, el Nobel islandés (también por mi lateral), sobre el resto de autores patrios.

“Un premio Nobel puede resultar excesivamente grande para una nación tan pequeña. Nuestra gran y única cumbre, así nos referimos a Halldór Laxness, como si en la inmensidad de Islandia no hubiera otra (cumbre), (…).

Sin embargo, los entendidos saben que lo mejor de la obra de Gunnar Gunnarsson (…) nada tiene que envidiarle a lo mejor de Halldór Laxness; (…)”

            A principios de invierno por Guadarrama, foto de Paco Castillo.



Ahora que he leído a los dos, estoy absolutamente de acuerdo con la apreciación J. Kalman.

Y confirma J. Kalman una idea sobre la literatura que siempre he sostenido:

“(…) raramente la trama de un libro se considera su parte más importante, lo más importante es cómo está escrito. Una verdad de lo más simple que, sin embargo, a menudo suele olvidarse.”

No me resisto a dejaros este fragmento de la novela, cuando Benedikt, inmerso en la tormenta, está con las fuerzas justas, pasándolo muy mal, y que, viendo el apocalíptico panorama por aquí y el resto del mundo, parece una crónica de estos momentos que todos vivimos, arengándonos a no venirnos abajo:

“Tan hostil y retorcida puede llegar a ser la tierra con el caminante, que no duda en cerrarle todas sus puertas y a éste no le queda más remedio que pararse y buscar la entrada. Pero eso era lo que Benedikt mejor sabía hacer. Precisamente es una de las obligaciones del hombre, quizás la única, buscar la fortuna en la adversidad, perseverar, enfrentarse incluso a la muerte si fuera necesario, abrirse camino y llegar hasta su corazón. Esa es la obligación del hombre. Y si los pies se niegan a seguir caminando, entonces debemos renunciar a usarlos, lo que no significa que uno se rinda. “


           A principios de invierno por Guadarrama, foto de Paco Castillo... 
                                               volveré por aquí.

viernes, 13 de marzo de 2020



En mi casa.


Pues sí. En mi casa, con mi mujer y mis dos hijas. Y mis libros.


Foto, Paco Castillo.

En realidad llevamos recluidos voluntariamente desde el miércoles por la tarde, así que vamos camino de tres días en aislamiento… y lo que tenemos por delante. 

No es nada fácil, yo estoy hecho para caminar en los campos y sentir el viento en la piel.



Autorretrato, Paco Castillo, Andes, Perú.

Con la que nos está cayendo a cuenta del coronavirus, sin ir más lejos en Madrid, mi comunidad, podría pensarse que al publicar en el blog un comentario de… qué sé yo, una lectura de Galdós, o una novela de Alice Munro, por ejemplo, uno está desentonando. Pero no, rotundamente no.

En estos momentos de absoluto desconcierto y anomalía, necesitamos un atisbo de normalidad, un pequeño resquicio que nos aferre a la cotidianidad que, sin previo aviso, ha desaparecido de nuestras vidas.

Y en ese sentido yo reivindico, amén de leer un buen libro, los blogs, para ver que me cuentan de Galdós, o de la señora Alice Munro, o para que me muestren un poeta extraño, o para admirar una fachada gótica en algún edificio singular y olvidado de todos, o cualquier tema que suscite mi interés.

Sí, es una terapéutica compañía en estos días de mascarillas en el mercado, calles desiertas y miedo en el ambiente.

Es reconfortante encontrar los blogs que no te sueles perder, entrar en ellos sin temor al contagio y reunirte con esos amigos al otro lado de la pantalla, y comprobar que siguen al pie del cañón, y leer aquello que nos han preparado esos colegas, no sin esfuerzo. 

Es entonces cuando constatas que, a pesar de la tragedia, sigue una ventana abierta a la normalidad, siempre tan ignorada, y ahora ansiada como el “Paraíso reclamado” , que escribiera el Nobel islandés, Halldór Laxness.



Foto, Paco Castillo. "Paraíso reclamado", Halldór Laxness



Larga vida a estos blogs, por permitirnos asomarnos a la vida que todos deseamos recuperar.

Muchas gracias por sostener ese candil iluminando normalidad y no dejarnos totalmente a oscuras. Muchos libros y, especialmente, mucho ánimo.

Seguimos, hay que seguir…


Foto, Paco Castillo.






sábado, 7 de marzo de 2020

“la gente que pasa, que mira y no siente...” (1)

(1) Frase perteneciente a la canción “Debajo del puente”, cuyo autor es Pedro Guerra.





Escuché al cantautor canario, Pedro Guerra (me encanta su música y su persona), que lo mejor de estar en una isla es poder asomarte a muchos mares. 



                                
En Puerto Rico, leyendo por la isla caribeña la poesía del islandés Jóhann Hjálmarsson ("Búsqueda"), junto al mar. Foto, Paco Castillo. 


Y aunque la isla de Lampedusa, pongamos por caso, solo reciba el abrazo salado del Mediterráneo, en el fondo (y en la superficie, que ambos tiene el mar), lleva razón el bueno de Pedro; las playas de una isla reciben corrientes de mares equidistantes. 

De hecho, uno puede pasear por una cala de Værøy, en las Islas noruegas de Lofoten, pleno Círculo Polar Ártico, y mojarse los tobillos con aguas emigradas desde Florida o México. Incluso a una isla como Lampedusa, aparte de ser bañada por remotas corrientes marinas, también recalan en sus costas… esperanzas de futuro, sueños de otros lugares que no pueden levantar el vuelo desde su propia tierra, y han de ir subidos a  una patera, aún a riesgo de no llegar al destino ansiado. 

Decía Sabina, en una emotiva canción, que  “la muerte pasa en ambulancias blancas”, algo así ocurre con estos sueños viajando en pateras.

También a la poesía de Rimbaud, y la lista de colegas sería interminable, llegaban otras corrientes, y como un plancton nutritivo alimentaban su inspiración.



Con la poesía de Rimbaud. Foto, Paco Castillo.



Todo son corrientes que se sustentan, se afianzan, con otras corrientes. En los mares y en la poesía no se pueden bordar banderas, aunque hubo autores que se empeñasen,  simbolizando lo incontaminado, la pureza de una identidad o raza; todo es mezcla, y los nacionalismos terminan arribando, como los restos de un naufragio, a Namibia… nada menos que a la Costa de los Esqueletos, un lugar ideal para ellos. 



Ni siquiera la palabra “Pureza” es pura, ha necesitado la mezcla de dos raíces latinas distintas; “purus”- limpio, claro-. Y “eza”- cualidad-.

En el buen cine y la buena literatura también cabe esa bonita frase inicial de Pedro Guerra, simplemente hay que sustituir mares por vidas, aunque bien mirado sean la misma cosa, la vida surgió del mar. El mar es la vida. 

Por eso a muchos nos serena sentarnos en un acantilado y escuchar el oleaje… estamos oyendo a la vida susurrarnos.

Foto, Paco Castillo. Asturias.


Ir al cine y leer libros es eso, asomarse a muchas vidas, o recalar en muchos mares.

Cines.

Me acuerdo nítidamente de uno, ya tuvo su protagonismo en este blog, en realidad es un cine cadavérico.

Son las ruinas de una sala jerezana. El cine Delicias.

Me topé con sus restos mientras  caminaba con mi hija mayor, sin rumbo determinado, como nos gusta, y no, no éramos flanneurs, ¿acaso no existe la palabra caminantes?

Es que lo de flanneurs no lo veo para mí, incluso usando el extranjerismo alguien tan habilidoso con el lenguaje como Francisco Umbral; sí, cuando prologaba a Mariano José de Larra para "Antología fugaz" (Alianza Editorial, 1984), discreto y entregado callejeador por avenidas y rincones madrileños.






Antología fugaz, Mariano José de Larra (prólogo de Francisco Umbral). Fotos, Paco Castillo.


A lo que iba, deambulábamos por unas barriadas de esta ciudad con aroma a brandy, un buen olor, aunque no me guste el brandy.

Y de repente apareció su esqueleto frente a mí, no pude evitar retratarlo, como si fuese un forense ante el finado, captando detalles al primer vistazo.

Recupero ahora algunas de las impresiones, casi tal cual las dejé en aquella entrada, sobre el hallazgo, y después de investigar en internet acerca de la sala y su pasado.

“Cine Delicias”

En la fachada del edificio, justo encima del letrero, había una enorme pintada:

"Adelante Andalucía"




“rip, rip, rip, rip”… así me sonaban los trinos de los vencejos sobrevolando el cadáver de ladrillos.

Fotos, Paco Castillo. Antiguo Cine Delicias, Jerez de la Frontera.


En cuanto al rastreo en internet. El primer enlace que vi pertenecía al Diario de Jerez, una noticia del 2010,  de inquietante un título:



-La peor proyección del cine Delicias-

“La que fuera una de las más emblemáticas salas de Jerez se ha convertido en un punto insano de basuras y drogadicción. Está abandonado desde su cierre hace ahora trece años.”

Eso rezaba la cabecera que precedía al resto de la información. En resumidas cuentas leemos como se ha convertido en un antro donde se refugian los yonquis… para proyectarse ellos también en otra película, ésta de suspense y con incierto final.

Es pertinente mi apreciación. No en vano la última película visionada,  leo en la noticia,  fue en 1997 y era una de la Saga de Star Trek.

Star Trek significa Viaje a las estrellas.

Pues sí, aún siguen asistiendo algunos “espectadores desubicados” por las rendijas, jeringuilla en mano, para adentrarse en el Viaje a las Estrellas…
Ciertamente la proyección no ha terminado para unos cuantos desgraciados.



Estuve leyendo hace meses a Fulcanelli, fragmentos varios.


Un libro titulado “El misterio de las Catedrales”. Las góticas, para ser exactos.


Foto, Paco Castillo.

Quien me iba a decir a mí, leyendo unas líneas perdidas entre las páginas, que allí había, sin proponérselo, una bellísima crónica del Cine Delicias y sus restos inmundos.

                                    Foto, Paco Castillo.

Finalmente mi hija y yo continuamos caminando, perdiendo en la lejanía al cine Delicias… mientras haya entusiasmo por algo hay que seguir poniendo un pie delante del otro.


Pasamos por debajo de puentes… en esos que, según Pedro Guerra, “hay un mundo de gente” (1)

Y ambos nos alejamos, dejando atrás el puente…

También, seguramente, “dejando las cosas pendientes”… (1)

Y cruzándonos con “la gente que pasa, que mira y no siente.” (1)


No sé muy bien por qué ese mediodía acabamos los dos frente a un cine llamado Delicias, abandonado.

Cuando en realidad solo habíamos salido a por “Tomates, lechugas y pan del mercado”… (1)

Nota (1). Frases pertenecientes a la canción “Debajo del puente” cuyo autor es Pedro Guerra.