P. Castillo

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domingo, 13 de enero de 2019



Los libros que disfruté (matiz importante) en el 2018...




Leyendo a Julio Ramón Ribeyro por su tierra, Perú, diciembre de 2018


Así que al hilo de ese “matiz importante”, aquí solo vais a encontrar, y permitidme el atrevimiento, excelentes títulos.

El trajín del regreso tras el periplo andino me había hecho olvidar esta idea ya gestada, comenzar enero con el retrato fotográfico-literario de las obras leídas en 2018.

Siempre es atractivo resumir la experiencia del año concluido a través de los libros.

En la siguiente exposición os muestro las lecturas acometidas. Clicando en las fotos accedéis a la entrada correspondiente, excepto en aquellas donde aparecen libros pendientes de comentar.

Como artista invitada para acompañarnos tenemos, no podía ser de otro modo, a mi admiradísima Eivør Pálsdóttir, la cantautora feroesa de fascinante voz, habitual en mi blog.

Aquí actúa en Thorshavn, la pequeñita y coqueta capital de las Islas Feroe, en el Old Theater (Viejo Teatro), un directo rodeada de sus paisanos, vikingos del siglo XXI, gentes tranquilas, acaso secretamente conmovidas ante la voz de Eivør.

Ella nos regala el don preciado de su bellísima voz. Y su sentimiento para dejarla volar y brillar… como una aurora boreal.

Nos reserva lo mejor hacia el final de la canción, con esos registros tonales… uff, lo que es capaz de hacer esta mujer. Sublime, se me pone la piel de gallina con este vídeo.


No se me ocurre mejor asociación para esos libros y paisajes que la presencia de Eivør.

Pues eso, mirad los libros, escuchad la canción... y también mirad a Eivør, es un ruego .


Falling Free




Enero

"Cuentos de orillas del Rin". Erckmann-Chatrian (Émile Erckmann, Phalsbourg, 1822-Lunéville, 1899. Y Alexandre Chatrian (Abreschiller, 1826-Villemomble, 1890)

Austral 1963. Segunda edición. 152 páginas.




"París no se acaba nunca". Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948)
Anagrama, 2003. 233 páginas.





Febrero

"La necesidad del arte". Ernst Fischer (Austria, 1899-1972)
Ediciones Península, 1973. Ensayo. Traducción de Jordi Solé Tura.




"El arma en el hombre". Horacio Castellanos Moya (1957, Tegucigalpa, Honduras)
Tusquets, 1ª edición 2001. 132 páginas.





Marzo

"¿Cuánto falta para Babilonia?" Jennifer Johnston (Dublín, 1930)
Editorial Debate, 1984 (publicación, 1974) Traducción de Flora Casas, 213 pp.




Narraciones Fantásticas. Antología. Biblioteca Universal Caralt, 1ª edición, 1978. Traducción de Ramón Hervás y Antonio –Prometeo Moya. 228 páginas.


Nueve relatos fantásticos, seleccionados entre las mejores narraciones de los maestros del misterio. Una genuina galería de escritores malditos:

Villiers de I´Isle Adam
Edgar Allan Poe 
Gustavo Adolfo Bécquer 
Kafka 
Ryūnosuke Akutagawa 
E. T. A. Hoffmann
William Polidori
Gerard de Neval
Maupassant.





"Cien años de soledad". Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927 – Ciudad de México, 2014)
Editorial RBA, 2004, “Biblioteca García Márquez”. 510 páginas.




¿Qué añadir de este libro? Ya está todo dicho y escrito sobre esta obra maestra.


Abril

"La llanura de fuego". Fernando Namora (Portugal, 1919-1989)
Círculo de Lectores, 1972. Traducción y prólogo de Rafael Morales.



Aún con otras excelentes lecturas, es el libro que más me ha llegado, tal vez por sus inolvidables personajes, la sencillez aparente de estas vidas que penetra tan profundamente en el alma, entre otras cosas. Una historia que permanecerá en el recuerdo, escrita con una extraordinaria sensibilidad por El portugués Fernando Namora.



"Dios muere a orillas del Nilo". Nawal El Saadawi (Kafr Tahl, Egipto, 1931)
Editorial Herder, 1996. Versión castellana de Juan Andrés Iglesias. 179 páginas.





La escritora egipcia Nawal El Saadawi. Me fascina esta imagen, el entusiasmo vital que hay en sus ojos.




Búsqueda. Poesía. Jóhann Hjálmarsson (Reykjavík, Islandia, 1939)
Libros del Innombrable, 1ª ed. 2001. Traducción de José Antonio Fernández Romero, 160 páginas.

(Porque lo releo cada año)







"Así de grande". Edna Ferber (Michigan, Estados Unidos, 1885 — Nueva York, 1968). Círculo de Lectores 1965, traducción de Miguel de Hernani. 333 páginas.



Una obra impresionante


Mayo

"Patagonia Express". Luis Sepúlveda (Chile, 1949)
Tusquets, sexta edición, 1997, "Colección Andanzas". 178 páginas.




"El viajero bajo el resplandor de la luna". Antal Szerb (Hungría, 1902-1944)
Ediciones del Bronce, 1ª edición año 2000. Traducción de Judit Xantus. 240 páginas. 



Junio

"Pueblo". Azorín (Monóvar, 1873 – Madrid, 1967)

Colección Austral, impreso en Argentina, 1949. 148 páginas.






Julio

"La canción de Salomón". Tony Morrison (Ohio, Estados Unidos, 1931)
Debolsillo 2004. Traducción de Carmen Criado. 431 páginas.


Uff, vaya novelón de Tony Morrison, ¿cómo se puede escribir así?


"Paraíso reclamado". Halldór Laxness (Islandia, 1902-1998)
Orbis, S.A.  Edición de 1982. Traducción de Rodolfo Arévalo. 269 páginas.



"Para salir del siglo XX". Edgar Morin (París, 1921)

Kairós, 1981. Ensayo. Traducción de Jordi Fibla.  360 páginas.
(Comentario en la recámara...)

Del norte al sur...


En el litoral cantábrico, Asturias

El filósofo y sociólogo Edgar Morin atesora una de las mentes más lúcidas para entender porque las sociedades modernas son como son. Impresiona el alcance de su mirada, como viaja al pasado reciente, en la creación de las grandes ideologías políticas, las vanguardias artísticas... para desvelar muchas claves del presente. Necesaria lectura.



En el sur atlántico y mediterráneo, Salúcar de Barrameda, Cádiz.

Agosto

"La investigación". Stanislaw Lem (Polonia, 1921-2006)
Bruguera Libro Amigo, 1986. Traducción: Jadwiga Maurizio. 220 páginas.






Septiembre

"Las raíces y otros cuentos". Rafael Azuar (Elche, 1921 – Alicante, 2002)
Publicaciones de la Caja de Ahorros  Provincial de Alicante, 1971. Nº de páginas, 83.




"Zalacaín el aventurero". Pío Baroja (Guipúzcoa, 1872 – Madrid, 1956)
Colección Austral, 1984. 156 páginas.


Siempre acabo regresando a Pío Baroja... imprescindible para mí.


"Dos antisemitas y otras narraciones". Sholem Aleichem (Ucrania, 1859- Nueva York, 1916)
Editorial Magisterio Español S. A. (Serie narraciones judías), 1969. Traducción de José Luis Sobrón. 170 páginas.




Octubre

"Cuentos de Odesa y otros relatos". Isaak Bábel (Odesa, 1894 – Moscú, 1940)
Alianza Editorial, edición de 1985. Traducción de José Fernández Sánchez. 187 páginas.



¡Magníficos!


"El espía que surgió del frío". John le Carré (Dorset, Inglaterra, 1931)
Círculo de Lectores, Colección Alta Tensión, 1988. Traducción de Nieves Morón. 257 páginas.




Noviembre

"Al oeste con la noche". Beryl Markham (Reino Unido, 1902 – Kenia, África, 1986)
Salvat Grandes Mujeres, 1995. Traducción Liliana Piastra. 284 páginas.



Una obra sublime. Según el propio Hemingway, un libro que a él le hubiese gustado escribir, reconociéndose incapaz de superarlo. Aunque dudaba de la autoría de Beryl, una mujer extraordinaria en su tiempo. Libro que sitúo muy cerquita del de Namora en cuanto a la huella que me ha dejado.



"El enano". Pär Lagerkvist (Suecia, 1891-1974)
Círculo de Lectores, 1973 (obra publicada en 1944). Traducción de Fausto de Tenazos Pinto. 199 páginas.




"Poeta de piedra y de paloma". Mario Florián (Cajamarca, Perú, 1917 - Lima, 1999) Edición de la Revista “Nosotros”, 1990, Perú. 160 páginas.
(Comentario pendiente)






Diciembre

(Pendientes):

"seis y seis". Cuentos. Carlos Meneses (Perú, 1929)
Premia editora, 1979, México. 116 páginas.







"El Hablador". Mario Vargas Llosa (Perú, 1936)
Seix Barral, Biblioteca Breve, 1987. 235 páginas.


Por San Ignacio, en la región de Cajamarca, Perú, diciembre de 2018


"El tungsteno" (novela) / "Paco Yunque" (cuento). César Vallejo (Perú, 1892 – París, 1938)
Peisa bolsillo, 2016, Perú. 126 páginas.




Tiendecita en pueblo andino, Perú, diciembre de 2018 


"Los perros hambrientos". Ciro Alegría (Perú, 1909-1967)
Losada. Biblioteca clásica y contemporánea, 1977. 150 páginas.



Por la "chacra" familiar, Cesara, Perú, diciembre 2018



"Escalada". Ludwig Hohl (Suiza, 1904-1980)

Minúscula, 2008. Traducción de Rosa Pilar Blanco. 105 páginas.


Explorando los alrededores de "mi pueblo andino", impresionante cascada, aislada de todos, en Cesara, Perú, diciembre 2018.




"Cuentos". Julio Ramón Ribeyro (Perú, 1929-1994)
Cátedra. Edición de María Teresa Pérez. 320 páginas.



Los cuyes, inquietos por naturaleza, a veces se meten en los Cuentos de Ribeyro...



Y se acabó... el 2018, claro.





martes, 8 de enero de 2019


De  las chanclas y las bermudas a la bufanda y gorro de lana en cuestión de horas... lo que dura un vuelo transoceánico. Y
algunos escritores, casi todos del Perú.



Con Vargas Llosa recalando en una hermosa playa de la costa peruana, en aguas del Pacífico, 2 de enero de 2019. Foto Paco Castillo.


Por aquí estamos de nuevo, retomando la senda en el gélido enero de 2019. Espero que hayáis disfrutado de estos días festivos sin sobresaltos y con salud. Lo que no es poco.

Recién aterrizado en España y ya estoy bregando con severas heladas matinales y temperaturas bajo cero, lo habitual en esta época para mi localidad, en el noroeste de la Comunidad de Madrid, a poco más de 30 minutos en coche dirección a la Sierra del Guadarrama (es lo que tardo en llegar al Puerto de Navacerrada sin atascos).

Esto no debería impactarme salvo que un servidor acabe de venir de la costa sudamericana en el Pacífico, concretamente Perú. Allí, justo ahora, comienza el verano.

Estación que la familia estrenábamos hace apenas una semana, bañándonos en una inmensa y bonita playa del litoral peruano, la que abre esta entrada (aunque de aguas fresquitas, como las del Cantábrico), así que el recuerdo de mi cuerpo embadurnado con protección solar, las bermudas, chanclas y camiseta es reciente.



Llegando a la impresionante playa de Huaral, población a 80 kms al norte de Lima.



Una cholita serrana (usando sus expresiones locales, viene a ser campesina de Los Andes), echándole ganas a un partidillo de fútbol playero, la vestimenta tradicional (en este caso de color verde y morado), el sombrero y la trenza al viento no son obstáculo ante el entusiasmo de la mujer, de las mujeres mejor dicho. Si os fijáis bien la iniciativa de la contienda la llevan ambas frente a sus oponentes masculinos. Estaba interesante el lance.


Estrechas cascadas precipitándose por los acantilados de la playa.


Son imágenes casi de ayer mismo que retengo mientras dejo la bufanda y el gorro de lana en el sofá de casa, regresando de comprar el pan tempranito, a esas horas en las que inhalar el aire reinante se asemeja a chupar un cubito de hielo.

Lo curioso es que también he padecido el “invierno” en el norte del Perú, pegados a Ecuador, donde está el pueblo de mi mujer. Allí estamos la mayor parte del tiempo cuando visitamos el país, lo que agradezco. 


Autofoto. Paseando por los valles de Cesara, caseríos mucho más abajo. A primeras horas de la mañana siempre te envuelven las brumas. Llevo mis prismáticos por si me encuentro algún tucán, colibríes o loros, por aquí se pueden apreciar con cierta facilidad.


Allí es temporada de lluvias, son precipitaciones torrenciales a diario, de diciembre a marzo. Las temperaturas suelen mantenerse entre los 12º o 15º grados positivos, pero al llover tanto la sensación térmica es dos o tres grados menos. Bueno, es bastante soportable comparado a nuestro país. Un chubasquero ligero, que además abrigue un poquito es perfecto. Para ellos es el “invierno”, a diferencia de lo que acontece 1300 kms al sur, en Lima la capital, donde empiezan a disfrutar del verano con todas las de la ley.



Leyendo un pasaje de lo más pertinente para lo que estoy haciendo, una buena ascensión por las cumbres de Cesara, sorteando un camino de cabras, literal. Se trata de "Escalada", uno de esos libros "de culto", al menos así lo estimaban colegas como Max Frisch, Friedrich Dürrenmatt o Peter Handke, que fue escrito por el enigmático Ludwig Hohl (Suiza, 1904-1980).



"Escalada" acompañada de chocolate peruano con quinua y sal de maras, un complemento excelente y delicioso para resistir la subida en estos repechos, por altitudes que ya se están o sobrepasan los 3000 mts.



Al hilo de estas escapadas montañeras que comento, acabo de leer en El País sobre la muerte trágica de tres jóvenes montañeros españoles y su guía peruano en la zona de Huaraz, el pasado domingo. Es un lugar que frecuenté hace casi veinte años (ni siquiera conocía a mi mujer). Han sufrido una avalancha cuando descendían del nevado Mateo, un pico de 5. 150 mts altitud. Una pena, desde luego.

Por donde yo estaba no son tan altas, entre 1700 y 3300 metros de altitud, pero ya son cifras interesantes, y a pesar de que conozco bien las rutas, son años pateando por ahí, uno ha de tener prudencia y la cabeza en su sitio, la bruma es un enemigo jodido en la montaña.





Cesara diminuto en la lejanía, por la derecha. Las nieblas se van como han llegado, raudas. Con otro insigne peruano, César Vallejo, libro que compré estando por Lima.




Con Julio Ramón Ribeyro y sus Cuentos, asomándonos desde la casa de nuestros anfitriones limeños a uno de los distritos más renombrados en la capital, no es otro que El Callao, ampliamente retratado por Ribeyro en sus obras. Del "invierno" lluvioso en Los Andes del norte al verano de Lima.





Este es otro de los libros que adquirí en Lima. Suelo traerme a algún autor peruano desconocido para mí. Es el caso de Jerónimo Pimentel y su novela La ciudad más triste (sobre Lima, ¿cuál si no?). Paseando por alguna "cuadra"/calle de Lima, al fondo una "mototaxi" y puestecillos callejeros de comida. Muy limeña estampa.




Los mercados limeños, Lima en general, son un festín para los sentidos y un desafío para... según que tipo de escrúpulos europeos. Bueno, eso que vemos tampoco es para tanto. Llenando la cesta para preparar una comida criolla. No sé si la escena os parece un poco deprimente... no va mal con el enunciado de Pimentel. Pero la cocina peruana es un deleite. No todo va a ser triste, como nos dice el autor.




Disfrutando por "mi pueblo" andino. Nunca me falta el ensayo, lo necesito para cambiar las tornas lectoras de vez en cuando, mitigar la sobreexposición literaria centrada en Perú, son cosas mías.

Historia de la imaginación viciosa, un ensayo interesantísimo del filósofo y crítico literario Elémire Zolla, hombre de una cultura deslumbrante (Italia, 1926-2002).


Me he traído a mis particulares aliados andinos; infusiones y hierbas inencontrables acá la mayoría, todo sea para combatir a los temibles enemigos invernales; resfriados, gripes y demás compañías indeseables.

Empezamos con unas infusiones muy interesantes, mezcla de diferentes hierbas andinas con múltiples propiedades.




Un brebaje muy arraigado en Perú, mencionado en la literatura de Llosa, Ribeyro, César Vallejo, etc, etc. Un revitalizante mate con hojas naturales de coca.



Ejem, reitero que aquí todo es natural, nada que ver con el procesado químico de la hoja… cuyo resultado ya conocéis.



Una infusión con hierbas de Phyllanthus niruri, popularmente conocida con la curiosa denominación de Chanca piedra.





Otra infusión con la planta del Mollicum de Desmonium, los quechuas la designaban con el bonito nombre de Manayupa.





Esta también es muy apreciada para preparar un delicioso té de Los Andes, se trata de unas plantas típicas de las altitudes andinas y los ríos de montaña, un preparado a base de Muña- Culén (en realidad dos plantas), así llamada por los andinos.



Un alimento imprescindible, si uno pretende salir indemne pateando los riscos, es el chocolate peruano, preferiblemente negro o combinado de forma deliciosa con quinua, como el que os he mostrado, aquí también con Ciro Alegría.


U otro de tamaño XL para largas caminatas. Aunque el nombre confunde algo acerca de su origen...





Lógicamente, trantándose de mi familia política no me podía faltar el café, todos se dedican a su cultivo y venta a los mayoristas. Tienen sus cafetales en las alturas de la sierra, la misma donde se ubica el pueblo, Cesara, la climatología y altitud de estos pueblos son ideales para el codiciado producto.

Café cultivado por la familia de Araceli, éste exactamente es de la producción y cosecha del Tío Felipe. Es un café de extraordinaria calidad.

Poseen fincas (chacras como dicen) de unas pocas hectáreas, no penséis que son magnates o algo parecido, es gente campesina que vive del preciado grano. Sus ganancias les permiten una existencia sin sobresaltos, aunque dura por el propio trabajo. 



Gerardo me decía en su comentario que no  estaría mal ver un cafetal... y es verdad que no lo había mostrado. No sé si tendré alguna foto reciente, pero pongo esta del 2015. Ahí tenéis a uno de mis cuñados, Wilmer, hermano de mi mujer. Lo fotografié mientras llegábamos a su chacra (finca), a la derecha ya podéis observar la planta del café, que se extiende bastante más hacia la derecha. Estar en el cafetal es una experiencia especial para quien no lo conoce. Solo se puede transportar el grano con los burros, es imposible meter cualquier vehículo motorizado por esas sendas estrechas de tierra, y en parajes tan escarpados, en plena montaña.

Las rentas son suficientes para mandar a sus hijos a la Universidad. Pero llevan una vida austera sin la sofisticación y comodidades de una ciudad (tampoco parecen necesitarlas), es lo propio en el campo, sin más.

En estos caseríos y pueblos cercanos todo el mundo se dedica al cultivo del café, la mayoría de estos humildes cafetaleros están agrupados en modestas cooperativas agrícolas con el fin de vender mejor sus cosechas. Hasta el mismísimo pueblo y las plantaciones suelen recalar grupos de comerciantes extranjeros, mayormente alemanes, escandinavos, canadienses, norteamericanos o japoneses. Son empresarios de la industria cafetalera que llegan para comprar la producción, pagan al contado. También vienen empresarios colombianos a adquirir este producto... muchos lo etiquetan como colombiano.

Españoles, que yo sepa, no. El café de Cesara y alrededores, como la vecina población de San Ignacio (la más grande por estos pagos), tiene un merecido prestigio internacional. No en vano ha sido reconocido por diversos gremios cafetaleros de otros países con la distinción del mejor café del mundo, las últimas veces fueron en 2015 y 2016, ahí es nada.

El tío Felipe es un rudo cafetalero de 82 años, patriarca del clan familiar de mi esposa (mis suegros fallecieron hace muchos años). Cosecha uno de los mejores cafés en San Ignacio, localidad en la que es sobradamente conocido.

Siempre nos recibe con un buen montón de paquetes para llevarnos a España, igual que los hermanos de mi mujer en el pueblo de Cesara. Obviamente no podemos transportar todo lo que nos regalan, necesitaríamos varias maletas más, pero venimos con un cargamento respetable.

¡Mi despensa bien aprovisionada!

Os aseguro que cada paquete de este café tendría un precio prohibitivo en España dada su altísima calidad, obtenida gracias a un proceso totalmente artesanal, incluso el secado del grano es al aire libre, con la fragancia de las montañas repletas de  vegetación exuberante, en un ambiente sin contaminación.

Esto proporciona un equilibrio aromático perfecto entre intensidad y suavidad. 

Ya habéis visto que el marco para mis lecturas ha sido espectacular, esto ya lo intuíais claro. Dicho todo lo anterior, tenía pensado centrarme en mi aparición con un escritor que me entusiasma, el peruano Ciro Alegría.

Pero me doy cuenta de lo extensa que ha resultado esta entrada, lo prudente será traeros a Ciro en la siguiente publicación. Será muy pronto. Me alegro de estar por aquí.


Paseando por "la avenida principal" del pueblo andino. Parece que uno de los protagonistas caninos de Ciro ha decido explorar el mundo exterior por su cuenta.