jueves, 4 de enero de 2018

Cuentos de orillas del Rin. Erckmann-Chatrian (Émile Erckmann, Phalsbourg, 1822-Lunéville, 1899. Y Alexandre Chatrian (Abreschiller, 1826-Villemomble, 1890)

Austral 1963. Segunda edición. 152 pp.




Aunque sean libros destinados al público adulto, si en sus solapas aparece la palabra Cuento, esa puerta que da acceso a un mundo fascinante no termina de abrirse para muchos lectores. Renuncia que les impide adentrarse en otras sendas literarias que conducen hacia desenlaces insospechados, plenos de ingenio e imaginación y, siempre, sorprendentes en la manera de situarnos frente al misterio que supone estar aquí, al reto de afrontar la vida, tal y como acontece en estos cuentos de Erckmann-Chatrian.

Ya lo hagan mezclando ensoñaciones, fantasía  y realidad, un cuento es la coctelera perfecta para juntar dichos ingredientes con una  desconcertante, y muy estimulante, sensación de armonía en nuestra mente, pues aquellos escritores y escritoras eran como alquimistas de palabras. 

Émile Erckmann y Alexander Chatrian

Además, en los cuentos memorables, la fantasía nunca es mero aditamento, algo que gira en torno a sí mismo de forma absurda, recupero estas palabras de Cortázar:

No acepto nunca ese tipo de fantasía, de ficción o de imaginación que gira en torno así misma y nada más (…)
La fantasía, lo fantástico, lo imaginable que yo amo y con lo cual he tratado de hacer mi propia obra es todo lo que en el fondo sirve para proyectar con más claridad y con más fuerza la realidad que nos rodea.”

Por eso tengo una fe ciega en estos libros de cuentos y relatos (y con ellos me refiero a la mejor literatura) para salvarse del “naufragio”, si es que alguien se viera a la deriva lectora por causas varias; hastío, saturación, crisis existenciales… vaya usted a saber. 

Sin que ello me afecte ahora, no he sido inmune a tales lapsus. Tampoco lo considero tiempo infructuoso… tras un largo periodo lector, ese parón sirve para asimilar todo lo leído, dejando un poso más fecundo… en fin, cosas mías.



Es más, de existir alguna ciencia que permitiese sanar a través de los libros, yo recetaría ipso facto estos “Cuentos del Rin”  para combatir el síndrome de la abulia lectora, y recuperar la pasión por la literatura mediante el puro deleite de leer por leer, pues aquí las palabras no son, stricto sensu, asideros de la realidad, sino inquilinas de paso entre lo real y lo fantástico, moradoras de ese paraje brumoso que se cierne entre el mundo y el intramundo.

Aunque me gusta el relato actual, testigo de nuestra época, confieso mi predilección por los grandes cuentistas del pasado.

Zola, Maupassant, Gogol, Chejov, Dickens, Poe, Hawthorne… uff, no citaré a todos los autores de cuentos que tengo por ahí, pero nombraré a Hoffmann y Auerbach, dos de  los que más influyeron (sobre todo el primero) a estos alsacianos que os presento.




Otro atractivo que nos ofrece el libro reside en ese raro fenómeno literario de las obras creadas al alimón.

Se trata de los escritores Émile Erckmann y Alexandre Chatrian, oriundos de Alsacia (Alsacia-Lorena), región histórica y cultural incrustada entre el noroeste de Francia y el noreste de Alemania. Un territorio que se extiende por el margen occidental del Valle Alto del Rin,  constituyendo el marco de estas narraciones. De ahí su título, “Cuentos de orillas del Rin”.



Su estilo narrativo parte de la gran tradición cuentista de la Selva Negra alemana, con un folclore tan rico como antiguo y que plasmó magistralmente el ya mencionado Auerbach en sus “Cuentos rústicos de la Selva Negra”.

La ambientación y descripciones de esos pueblecitos y pequeñas ciudades asomadas al Rin, los fríos y oscuros inviernos que las asolan, la lluvia repiqueteando en el carcomido ventanuco de la taberna… son destellos literarios cuyo brillo no decae pasen años o siglos.

Así como la arrolladora imaginación con la que los autores van desdibujando la realidad, magnífico exponente es el cuento “Mi ilustre amigo Selsam”, en donde se mezclan elementos tan dispares como la ciencia, primitivos instrumentos musicales africanos y europeos, un grupo estrafalario de amigos, una honorable dama de “supuesta mala salud”, los Oratorios de Haendel, música de Haydn, todo ello aderezado con un genial humor negro, pues la muerte siempre ronda al acecho.

Y claro, los protagonistas en cada relato, guarecidos en la inquietante penumbra de las tabernas (en este libro no hay cuento sin su taberna con nombre), también se hacen preguntas mientras miran al vacío, ¿por qué los hombres hacen lo que hacen? Y ¿qué sentido tiene desear lo que se desea? Preguntas atrapadas en el ambiente viciado de aquellos antros que siguen flotando en el aire de nuestros días.

Mi vieja edición de Austral no tiene la mejor de las traducciones, suele pasar con muchos de estos viejos libros, y solo reúne seis cuentos:

El tesoro del viejo hidalgo
Mi ilustre amigo Selsam
La pesca milagrosa
La ladrona de niños
El blanco y el negro
El ciudadano Schneider


Por suerte este título se ha reeditado recientemente con una traducción excelente y prólogo de Javier Marías, un apasionado de esta obra, (también lo ha publicado él en su editorial Reino de Redonda).

Estas nuevas tiradas han añadido otros dos cuentos a los que ya había. Son El réquiem del cuervo y El canto del vino.

Os muestro una imagen de este ejemplar (que no tardaré en adquirir, pues son cuentos ideales para releer). Y luego una breve introducción de Marías.




"Cuentos de las orillas del Rin es uno de los libros menos conocidos de Émile Erckmann y Alexandre Chatrian. Su propuesta es un viaje en el tiempo, al mundo rural de las dos márgenes del gran río del norte de Europa, a las ciudades que durante generaciones amalgamaron lo alemán y lo francés, a regiones donde el vino empieza a no ser blanco y la cerveza se elabora con nuevas recetas. Si bien el dúo Erckmann-Chatrian cosechó en su época más fortuna con historias macabras o directamente fantásticas, los ocho relatos que forman este volumen no dejan de poseer un elemento misterioso y siniestro, así como cierto matiz ambiguamente sobrenatural."

Poco más que decir... No sé por qué, pero en las riberas del Rin suelen ocurrir cosas muy extrañas, inquietantes si se prefiere. Mejor lean estos cuentos alumbrados al quinqué de una taberna alsaciana, en alguno de sus lúgubres rincones la mente de un escritor trabaja en estado de éxtasis…