Una grulla en la taza de té. Yasunari Kawabata (Japón,
1899-1972)
Leí este libro en el verano de 2016 y escribí mis
impresiones nada más acabarlo, como suelo hacer con todos. Sin embargo la
inminencia de un viaje hizo que postergara su comentario, entre unas cosas y otras ahí se quedó… hasta hoy.
Ahora tengo varias lecturas cruzadas, inmerso en un caos
lector considerable en donde se mezclan poesía con ensayo político, historia, narrativa
que tenía entre manos, justo antes del embrollo político entre Cataluña y
España, y por eso la novela ha quedado algo relegada, pero no abandonada.
Para que os hagáis una idea...
Para que os hagáis una idea...
"Ciudadanía multicultural" de Will Kymlicka.
"Los medios de comunicación social" de Raymond Williams.
"A vueltas con España" de Ignacio Sotelo.
"La patria lejana. El nacionalismo en el siglo XXI" de Juan Pablo Fusi.
"Escritos" de Karl Kraus.
"Guerra y paz en el siglo XXI" de Eric Hobsbawm.
Es evidente que no estoy leyendo estos libros en su totalidad, por cuestión de tiempo sería imposible, sino que me centro en aquellos capítulos o apartados que más me interesan.
"Los medios de comunicación social" de Raymond Williams.
"A vueltas con España" de Ignacio Sotelo.
"La patria lejana. El nacionalismo en el siglo XXI" de Juan Pablo Fusi.
"Escritos" de Karl Kraus.
"Guerra y paz en el siglo XXI" de Eric Hobsbawm.
Es evidente que no estoy leyendo estos libros en su totalidad, por cuestión de tiempo sería imposible, sino que me centro en aquellos capítulos o apartados que más me interesan.
Por tanto, mientras se va despejando el horizonte y el
blog recupera algo de ritmo, rescato este escrito.
Foto Paco Castillo
Akutagawa se tomó una dosis de barbitúricos en 1927. Mishima utilizó el violento ritual del seppuku en 1970. Estos hechos devastaron a Yasunari Kawabata. Profundamente afectado por la muerte de Mishima, además de enfermo y aquejado de depresión, se suicidó en 1972, no se sabe con certeza el procedimiento, parece que inhalando gas, como señala la Wikipedia.
Como ya habréis intuido, el suicidio tiene una presencia poderosa en la obra de estos autores. Sin embargo, conviene matizar que la percepción del suicidio que se tiene en japón, al menos en su tratamiento literario, suele ser muy diferente de la que se tiene en Europa. En el viejo continente este hecho soporta, en mayor o menor medida, el peso del pecado, mientras que en Japón es casi un acto de purificación, una especie de despedida honorable para dejar este mundo. Y así suelen reflejarlo Mishima y Kawabata, entre otros destacados escritores nipones.
Así que en estas obras japonesas el suicidio, lejos de ser un elemento aledaño, es un catalizador psicológico que determina confluencias y divergencias entre los personajes, y las opiniones que éstos vierten sobre tal acción siempre tienen un enorme interés, pues de alguna manera reflejan los claroscuros que anidan en la mente del escritor, Kawabata en este caso, y… ¿a quién no le intriga adentrase en esa zona oscura?
La imposibilidad de dar rienda suelta a las pasiones amorosas es un veneno mortal para sus víctimas. Kawabata desarrolla un entramado amoroso haciendo gala de una seducción que te arrebata, más que nada porque uno intuye que la muerte está por ahí, rondando al amor…
Mediante uno de los personajes centrales, la profesora Chikako, experta en la Ceremonia del Té, nos va desvelando a través de sutiles detalles, como las diferentes tonalidades al trasluz de una antiquísima taza de té, el significado de este delicado y ancestral ritual. Pero es mediante el joven Kikuji, y amante de Chikako, donde muestra el escaso apego que tienen las nuevas generaciones por estas reminiscencias históricas de enorme valor cultural.
Kikuji manifiesta sin reparo la intención de deshacerse (vendiéndolo), de una parte del rico patrimonio paterno, una maravillosa colección de piezas de té, cuyo origen dinástico se sitúa varios siglos atrás.
Y con la magistral narración de Kawabata, uno tiene la sensación de que Kikuji está vendiendo, al mejor postor, parte de la memoria colectiva japonesa, convirtiendo ese precioso legado en una mercancía al por mayor.
Advierto en Kawabata, como ya lo hiciera con la lectura de Mishima, la facilidad que tiene para extraer lo esencial dentro de la enorme complejidad que nos conforma, habilidad ésta que forma parte de la filosofía zen, y que alcanza su máxima expresión en la escritura de haikus.
Fijaos como se trata en un haiku un tema tan complejo como la muerte cercana, pues su autora, una religiosa budista llamada Chiyo-ni (1701-1775), lo escribió poco antes de morir. Su haiku se llama Jisei:
“Seisui suzushi hotaru no saete nanimo nashi”
“El agua se cristaliza
las luciérnagas se apagan
La dialéctica que se establece entre los personajes y el ritual del té, sirve a Kawabata para confrontar el pasado, el presente y el futuro de Japón.
Un escritor como Kawabata no describe un jarrón en cuyo interior arraigan unas campanillas silvestres… No, nos lo hace contemplar y apreciar su textura cambiante en la claridad de la mañana o en la penumbra del atardecer.
Y dicho acontecimiento, presuntamente intrascendente, adquiere una fuerza inusitada en la magnífica escritura de Kawabata, como si en tal contemplación estuviésemos apunto de descubrir una evidencia reveladora de la vida, de uno mismo, de… quien sabe.
Os dejo con estas fotografías que tomé hace unos días, unos viejos caparazones de chicharra (la muda, o exibiosis), que cada uno puede interpretar en clave de haiku.
A veces hay que dejar parte de nuestro "equipaje vital" para continuar el camino...
