FILOSOFANDO…
Sócrates. Wikepedia
Nunca me alejo mucho de la filosofía. Mi curiosidad intelectual no termina
de saciarse con la literatura, no tiene suficiente sustento con eso. Por ello
necesito explorar otros territorios como la filosofía, la antropología que siempre
me ha gustado mucho, la historia, el arte, el ensayo sobre diversas materias. De hecho soy un lector nómada
desde el principio. Y considero, honestamente, que proceder así ha dado amplitud a mi mirada.
Aunque entonces no era muy consciente, la filosofía ya me atraía en los
tiempos de la EGB.
Abría aquellos libros de historia (los “tochos” que llamábamos), Historia de
la Antigua Grecia, de la Grecia Clásica, de Roma, y me topaba con esas imágenes
pétreas de los grandes filósofos y demás eminencias del pasado remoto.
Cada rostro marmóreo que admiraba era como una ventana abierta, por donde
me escabullía entregándome a extrañas divagaciones…
Flotando en mi ensimismamiento sucumbía a un letargo que, de cuando en
cuando, era estremecido por la contundente sonoridad de los nombres que el
maestro, don Antonio, pronunciaba con voz grave. La misma gravedad con que a
los chicos nos propinaba unos capones de campeonato.
Yo, desafiando el certero golpe en la coronilla, seguía anclado en aquellos
siglos ilustres. Obviamente no me enteraba ni tres al cuarto de la lección que
se tratara.
Aristóteles, Séneca... salían de la boca del profesor produciendo el mismo estruendo que un bloque de iceberg precipitándose al mar.
Aristóteles, Séneca... salían de la boca del profesor produciendo el mismo estruendo que un bloque de iceberg precipitándose al mar.
Al escuchar esos nombres imponentes… Homero, Pitágoras, Sócrates, Platón,
Aristóteles, Esquilo, Cicerón, Séneca, etc, me daba por pensar que
apelativos así solo podían pertenecer a tipos muy cabreados, incluso les negué la
existencia de una infancia.
Herodoto. Wikepedia.
No me imaginaba a una madre
regañando cansinamente a tales infantes por trastadas varias. Alguien así
llamado ya nace mayor, viene al mundo con esa mirada marmórea, revestido de una
vejez sabia, poblado con tupida barba cana. Nacieron ya con busto intimidante,
imbuidos de solemnidad, para dejar meditabundo a chiquillos como yo.
Ciertamente esas disquisiciones que me embargaban, más que tener su
solemnidad, eran de una solemne estupidez. Bueno, desde los pensamientos
estúpidos han surgido ideas brillantes… no, no es mi caso.
Pero aún hoy, no pierdo oportunidad de escaparme por esas ventanas…
Me llevo a Edgar Morin a relajarse al occidente asturiano. Ahí te quedas,
Madrid.
"Para salir del siglo XX". Edgar Morin:
«¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Tenemos respuestas físicas, biológicas, antropológicas, sociológicas, históricas cada vez más ciertas para estas preguntas. Pero tales respuestas, ¿acaso no abren cuestiones mucho más vastas que las que encierran? (...)
¿Acaso lo que nos ocurre es precisamente no saber qué nos ocurre? No sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que pasa (Ortega y Gasset).*»


