Todo se desmorona. Chinua Achebe.
Hace
tiempo, por el 2007, mencioné este libro en otro blog que tenía. Es un título
que estuvo descatalogado varios años y era difícil encontrarlo. Debolsillo, la
editorial, lo volvió a reeditar hace relativamente poco, creo que en 2012, no
estoy seguro. Lo cierto es que tuvimos un encuentro fortuito en La Casa del
Libro, en una de esas visitas que hago de Pascuas
a Ramos.
Fue
una grata sorpresa toparme con mi viejo amigo Chinua Achebe (Nigeria, 1930 - Boston, 2013) y
me pareció indecoroso abandonar el libro a su suerte, así que decidí darle el calor
familiar que merecía.
No
pude evitar, hace unos meses, volver a su cautivadora lectura.
A
la eterna sufridora, África, casi siempre le ha puesto voz Europa y, en menor
medida, Los Estados Unidos. Veamos un clásico memorable:
¡¡¡
YUYU WANA PACHI PACHI ANCAGUA !!!
(Permítaseme
la transcripción sonora literal, una licencia sin más)
Esta
es la voz, entre otras, que Los Estados Unidos, en las películas de Tarzán,
puso a los africanos. ¡Con dos cojones! (Y perdón por el exabrupto, si no lo
digo reviento).
Y
por aquí:
“Yo soy aquel negrito del África
tropical ♫♫”
Un
gran paso para África, un pequeño paso para la humanidad.
No miento si afirmo
que gran parte de lo poco que sabemos de África no ha sido contado por
africanos.
¿Se puede ver, fotografiar, dibujar con palabras? Si. ¿Cómo? Siendo
un gran escritor, y se puede comprobar en Chinua Achebe leyendo “Todo se desmorona”.
Para recrear ese universo visual hay que ser un habilísimo
escultor de metáforas, si se me permite la expresión.
“(…) la fama de Okonkwo
había crecido como un incendio en el bosque cuando sopla el harmatán.”
“Okoye, que había hablado
hasta entonces de una forma normal, dijo la siguiente media docena de frases en
proverbios. Los igbo valoran muchísimo el arte de la conversación y los
proverbios son el aceite de palma con el que se comen las palabras.”
Los africanos son, tal vez por su cercana relación con la
naturaleza, magníficos artesanos y con las palabras hacen lo mismo, recrear
imágenes, sugerir texturas, transmitir olores, aromas, etc.
Por tanto, abrir las páginas de este libro es palpar las
arrugas del tiempo en los rostros de los ancianos del clan, es observar ensimismado
el crepitar de la hoguera mientras una madre relata cuentos a los pequeños. Es
estar en África.
Decía M. Kundera que un relato se construye a partir de unas
pocas palabras, esenciales, y desde ahí va creciendo.
En este libro resuenan las reminiscencias de palabras como
Tierra, Lluvia, Miedo, Primitivo, Ritual, Violencia, Orgullo, Calor, Libertad,
Mito, Leyenda, Hechizo, Ingenuidad, Fuego, Brisa, Muerte…
En
la novela, desde un punto de vista omnisciente, aunque intercalando las voces
en primera persona de los protagonistas, se narran los avatares de un
legendario guerrero llamado Okonkwo perteneciente a la tribu de los igbo, desde
sus relaciones con el clan tribal, el exilio impuesto por la asamblea de la
aldea y, finalmente, su retorno a la tribu donde vive la experiencia de la
llegada del colono occidental... y ya nada será igual. El ritmo de la narración
es tan vivo como lo es la desbordante naturaleza del continente.
Okonkwo es un ser
orgulloso y violento, suele resolver las desavenencias familiares a golpes que
reparte entre sus mujeres y su hijo varón, actitud que incluso le reprochan
otros hombres de la tribu, aunque son pocos los osados. No hay concesiones al
sentimentalismo en el retrato que hace Chinua Achebe, sin embargo entrelaza con
sutileza la parte sensible oculta bajo el semblante del guerrero, es en
presencia de su hija Ezinma, por la que siente un profundo cariño no siempre
visible, cuando logra aplacar su violencia y observamos a un hombre acompañado
de sus miedos, como todos.
Con
esta obra Chinua Achebe se sumerge en la profundidad de sus raíces para mostrar
una parte de la realidad africana tal cual es, como la ve un africano, lejos de
las sandeces que sobre su tierra se han dicho tantas veces. Tuvo la valentía de
alzar la voz y romper el silencio resignado de quienes se han sentido
perdedores. Por tanto había que escucharle, hablaba la pluma de todo un
continente dolido.
No
en vano las obras de este escritor africano, tan admirado por Wole Soyinka,
mitigaron a Mandela mientras estuvo privado de libertad.
Chinua
Achebe:
"Estaría muy
satisfecho si mis novelas
(especialmente aquellas que ubico en el
pasado) simplemente enseñaran a mis
lectores africanos que su pasado, con todas
sus imperfecciones, no fue únicamente una
larga noche de salvajismo de la cual los
europeos, actuando en nombre de Dios, los
han salvado"
(especialmente aquellas que ubico en el
pasado) simplemente enseñaran a mis
lectores africanos que su pasado, con todas
sus imperfecciones, no fue únicamente una
larga noche de salvajismo de la cual los
europeos, actuando en nombre de Dios, los
han salvado"
Este
es el gran valor de la novela, que yo pueda saber lo que un africano quiso
decir a los suyos, los principales destinatarios de su mensaje.