Triunfo sin fin…
Sí, yo siempre iba con el Coyote.
De ahí que soñara una y otra vez
con poseer un artefacto de la marca ACME.
Me impactaba ver los variopintos
embalajes y cajas apareciendo de la nada en el inhóspito desierto, atravesado
velozmente por el Correcaminos, ¿tal vez en Arizona? Por allí hay coyotes.
Y el Correcaminos, bip bip, objeto de deseo
inalcanzable para el hambriento Coyote. Un desierto por medio, y al final un
abismo por el que se precipita el Coyote. Todo muy filosófico.
Más que los detonadores y proyectiles, que también tenían su aquel, me atraían las catacumbas para plantarme en un plis donde fuera, o esos patines aeropropulsados para salir disparado del cole al concluir la jornada.
Luego crecí y, movido por un sutil
influjo, empecé a llenar mi casa de grandes cajas y embalajes. Procedían de una
famosa compañía sueca de muebles y decoración.
Seguramente llegué a ellos al
constatar que habían convertido el mantra de aquella mítica marca yanqui, que tan
lustrosa quedaba en el desierto, en un sello de identidad, siguiendo los pasos
del viejo maestro:
“Móntelo usted mismo”.
Y eso removió mi imaginario
infantil.
Eso sí, era yo quien tenía que
desplazarme a por estos artilugios, por lo común a sitios distantes, pero muy
representativos del presente; las grandes superficies comerciales.
Éstos también son desiertos de
nuestros días, cuya agresiva presencia y trampas camufla con pérfida habilidad
ese tótem sagrado llamado modernidad.
Foto de Paco Castillo
Bueno, me puse manos a la obra con
eso de “Móntelo usted mismo”.
Cómodas, armarios, mesitas de
centro, librerías…
Cuando lo hacía sin errores, el
artilugio me duraba el canto de un gallo. Cuando lo hacía mal, los he tenido a
perpetuidad, feos y torcidos, pero en pie, ¿?
Esto terminó por fulminar mi
antiguo sueño infantil, se me cayó de las manos.
Y derivó en la búsqueda de otro tipo
de manuales de montaje.
Fotos, Paco Castillo, biblioteca particular
Comencé a leer libros de instrucciones diferentes, lo que me
resultó fácil pues ya los tenía en casa. Me fijé en los autores que habían
escrito los manuales más completos y fiables. Sus nombres eran Cervantes, Unamuno, Dostoievski,
Proust, Baudelaire, Kafka, Victor Hugo etc, etc. Escribían directrices sobre la condición
humana, sobrellevar la existencia y todas esas tonterías que tanto me entusiasman.
Y el desafío que representa
convivir con la Tragedia tampoco lo eludieron…
...por muy miserables que fueran los
míseros de solemnidad.
Los había que, en un alarde de
genialidad, nos presentaban un catálogo para manejarnos bien con la crítica
social a través de la Comedia.
Incluso algún autor, contraviniendo
la tendencia a despistar con los títulos, no se andó con rodeos y publicó una
obra llamada “La vida instrucciones de uso”, de un tal Georges Perec.
Foto internet
Ana María Matute igualmente nos
exponía puntos precisos de lo que hallaríamos en estos singulares catálogos:
Me gustaron mucho, pues no me
hacían construir nada manualmente.
Sin embargo, paradojas, no paraba
de hacer construcciones mentales y eso me dejó desubicado en un principio,
luego me acostumbré y acabé cogiéndole el punto al asunto.
Al final compruebo que uno, el
famélico can, y otros, aquellos escritores, acaban dándose la mano.
El Coyote y los protagonistas de
Dostoievski, por citar uno, son almas gemelas.
Eternos perdedores.
Por eso tienen su fascinación. Me
caen bien el cánido y el ruso.
Esto me viene que ni pintado para meter de sopetón a Rafael Nadal. Además es mi blog, siempre leo y escribo lo que se me antoja.
También me cae bien el tenista.
Cuando parece que sus triunfos
adquieren visos de eternizarse, que su domino es incontestable, surge alguien y
le inflige una dolorosa derrota.
Entonces le preguntan sobre ello.
Y con una expresión de sincera hulmildad, dice:
“El rival fue mejor. Así es la
vida.”
Es una respuesta perfecta. “Así es
la vida”.
Respecto al Correcaminos... nunca he
sido capaz de empatizar con su triunfo sin fin.
Y en todo caso, ni lo intento…
corre demasiado.
Eso es todo amigos, volveremos...
Eh, y si no me levanto, ponedme
este Wake me up (Despiértame) de Eivør con esa voz prodigiosa, no he visto cosa igual.
No falla.










