Casa de muñecas (1879). Pato
salvaje (1884). Henrik Ibsen (Noruega, 1828-1906)
Club Internacional del Libro,
1983. Prólogo de Luis Angel García Melero. Traducción (no hay referencia). 190
páginas. Género teatral.
Tengo un vecino clavado a Henrik
Ibsen, no porta esa testa leonina del autor nórdico, pero yo encuentro un
parecido más que razonable. Claro, de no haber leído al prestigioso dramaturgo noruego
dicha circunstancia me habría pasado desapercibida. El caso es que ahora veo a
mi vecino y al esquivo Ibsen como un solo ser.
Foto: https://www.nationaltheatre.org.uk
Da igual que uno fuera noruego y
este sea extremeño.
Mi vecino es como aquel
escandinavo transido de apatía. Es un tipo ya mayor, como el Ibsen de las
fotografías, de carácter agrio, rara vez saluda.
Pasea solitario entre las gentes,
pero en vez de acabar en el Grand Cafe de Oslo (lugar que por cierto conozco),
como hacía el noruego, el representante patrio concluye en un banco al aire
fresco cerca del domicilio, y con una barra de pan en su regazo.
Nasjonalbiblioteket NO https://www.nb.no
Ni siquiera mordisquea el cuscurro
tostado (RAE, Cuscurro: Parte del pan más tostada que corresponde a los
extremos o al borde), y esto definitivamente me confirma que vive en otro
mundo, al margen de sus semejantes.
Es algo regordete y no muy alto como Ibsen.
Así mismo se le advierten pocas muecas risueñas a mi vecino, tal vez quiera
ahogar la risa, pues probablemente le duela la cara igual que le pasaba al
inolvidable Tristón, la hiena (véase Leoncio y Tristón… ¡Oh
cielos, qué horror! Musitaba nuestro sombrío y moteado amigo).
Si acaso, sentado en su banco
habitual, levanta la vista de cuando en cuando al cielo del suroeste tirando
hacia Toledo, porque si se atisba encapotado allá, significa que lloverá por
aquí.
En la parte derecha de la imagen, Ibsen, apostado junto a la farola
y otra viandante. Observa la hora en el reloj del edificio situado en la karl Johans Gate. https://www.nb.no
En cuento a la lectura, eché mano
de mi viejo ejemplar, Editorial Club Internacional del Libro. Tiene un
excelente y extenso prólogo de Luis Angel García Melero, pero solo he ojeado
dos o tres párrafos.
Foto, Paco Castillo
De ahí que haya decidido mostraros
esta síntesis de Cátedra, que también publicó este título.
Lo escribo por si cuesta leerlo:
En este resumen ya tenemos los ingredientes principales para hacernos una primera idea.
“Henrik Ibsen (1828-1906) nació en
Noruega, en un medio en el que imperaba una moral estrecha de miras, una
vigencia desesperante de la superstición y del miedo. Todo a su alrededor era
considerado pecado, todo merecía un reproche, una advertencia sobre el posible
mal que podría acarrear cualquier acción que se emprendiera. Por eso sus
personajes no se contentan con vivir la vida cotidiana, necesitan un proyecto
que realizar aunque éste sobrepase sus fuerzas y les haga sentirse solos,
incomprendidos e incluso derrotados, pero orgullosos por haberse aventurado a
conseguirlo.
En "Casa de muñecas" y
"El pato salvaje" plantea Ibsen la tragedia de la mentira vital. Nora
Helmer, en "Casa de muñecas", es una joven que ha sido educada para
llevar una venda en los ojos y servir de juguete primero a su padre y luego a
su marido. Cuando la venda cae, Nora comienza a ser "alguien".
Gregorio Werle, en "El pato salvaje", concibe un proyecto para poner
al descubierto a unos seres hipócritas, egoístas e indignos, aunque entre ellos
se encuentre su propio padre.”
En este resumen ya tenemos los ingredientes principales para hacernos una primera idea.
A Ibsen se le reconoce un mérito
de gran relevancia para la cultura europea; romper con el teatro decimonónico
de entonces e inaugurar el teatro contemporáneo, el llamado teatro de ideas, tal y como lo conocemos ahora.
Él es el artífice de dicho viraje.
Obtuvo más notoriedad con
este drama teatral por el escándalo social provocado en su momento, que por la
indiscutible calidad literaria de la obra, lo que tampoco se obvió, huelga
decirlo.
Hay que poner en contexto esta
creación con la época que la vio nacer, para hacernos un idea de la osadía que supuso
escribirla.
Foto, Paco Castillo
El sector más puritano de la
sociedad no aceptó el paso adelante del dramaturgo; esto era criticar sin ambigüedades
la sumisión que padecía la mujer llegado el matrimonio, permaneciendo a la
sombra del hombre, convirtiéndola en una muñeca, un juguete en manos del marido
a quien debe obediencia absoluta. Situación que
encarna claramente el personaje de Nora, la esposa protagonista de “Casa
de muñecas”
De ahí el título, metáfora
perfecta de lo que eran aquellos hogares familiares para las esposas bajo la
tutela del patriarcado, consideradas seres incapaces de tomar iniciativas y
decisiones importantes. Mujeres como personas de inferior valía respecto a los
hombres, y sometidas totalmente a la voluntad de éstos.
Contra esta injusticia se revela Ibsen,
escribiendo un drama teatral que no ha dejado de representarse en buena parte
del mundo hasta el presente. Y desde su estreno, un 21 de
diciembre de 1879, es significativo que aún sea del todo pertinente su
representación… lo que viene a decir que todavía queda camino por recorrer en
esta cuestión.
Esas gentes de “moral intachable”,
educados en la rectitud del luteranismo no perdieron ocasión en atribuir el
alumbramiento de la obra al desequilibrio emocional del autor, tratando de que
eso ensombreciera su incontestable talento.
Atributo que obviamente
reconocerían en su fuero interno, pues el talento es asunto impepinable; se
tiene o no se tiene, e Ibsen lo atesoraba a raudales.
Esa rigidez luterana se aprecia
muy bien en las novelas de su compatriota y amigo, galardonado con el Nobel en 1903, Bjørnstjerne Bjørnson,
narraciones de ambientes provincianos y rurales, caso de Synnöva Solbakken que leí hace tiempo,
así sabemos que no había hogar campesino en Noruega sin la Biblia (generalmente
el único libro de la familia), uno de sus bienes más sagrados y de obligada
lectura en las casas.
Y tal vez algo consiguieron esos
hombres y mujeres “de bien” con el encono que le mostraron, convirtiendo a Ibsen en un ser más antisocial y huraño de lo
que ya era. Aunque finalmente se produjese la reconciliación tras el
reconocimiento internacional, lo de siempre, vamos.
Por otra parte, sabido es que
Ibsen pasó un periodo extenso de su vida fuera de Noruega, tanto por
formación en su carrera como por hastío hacia su tierra, residiendo en varios
países europeos en los que cosechó notables éxitos.
Por eso cuesta creer que en 1879 este hombre, cuyo aspecto no desentonaba con el machista más beligerante, se
echase a las espaldas el compromiso de exponer el agravio hacia la mujer,
además sabiendo la que se le vendría encima.
Uno no se imagina al escritor malhumorado,
caminando solitario y taciturno por las calles de Oslo, escribiendo una obra
cumbre en cuanto al verdadero lugar de las mujeres. Una historia que el
feminismo más madrugador ya abanderó como símbolo de protesta ante la
intransigencia del machismo. Y cuando veo las fotos de Ibsen, con esas echuras
de Mr. Scrooge, pienso en esto sorprendido
y fascinado.
Foto internet
Tenía que ser una página sobre la española Margarita Xirgu , destacada actriz teatral del siglo XX, el hallazgo que me permite
mostraros estas afirmaciones de Ibsen:
<<Existen dos códigos de
moral, dos conciencias diferentes, una del hombre y otra de la mujer. Y a la
mujer se la juzga según el código de los hombres. [...] Una mujer no puede ser
auténticamente ella en la sociedad actual, una sociedad exclusivamente masculina,
con leyes exclusivamente masculinas, con jueces y fiscales que la juzgan desde
el punto de vista masculino>>
En 1915 Margarita Xirgu representó “Casa de muñecas” en el Teatro Eslava de Madrid.
Es probable que muchos asocien obra teatral con ritmo narrativo poco fluído, Casa de muñecas y, especialmente, Pato Salvaje deshacen todas esas ideas, son textos vibrantes, con unos desarrollos vertiginosos, con una tensión narrativa que no te deja respirar.
En 1915 Margarita Xirgu representó “Casa de muñecas” en el Teatro Eslava de Madrid.
Guión de “Casa de Muñecas” con la
fotografía de Margarita Xirgu. Archivo Xavier Rius Xirgu
Lo significativo de todo lo anterior es que Ibsen reiteró en varias ocasiones que su obra no era feminista, pues se había limitado a reflejar un caso real, ocurrido a una amiga suya, escritora, que vivió una historia similar. De ahí partió la idea del dramaturgo para Casa de muñecas. Si bien, era consciente de la necesidad de reparar el daño que se hacía a la mujer simplemente por el hecho de serlo.
Otro aspecto que mucha gente ignorará, tal era mi caso, es la enorme influencia que tuvo su obra, también la de su amigo Bjørnson, en el movimiento anarquista español, dada la popularidad que tenía el teatro entre la clase obrera:
Otro aspecto que mucha gente ignorará, tal era mi caso, es la enorme influencia que tuvo su obra, también la de su amigo Bjørnson, en el movimiento anarquista español, dada la popularidad que tenía el teatro entre la clase obrera:
“La influencia de Ibsen en el
anarquismo español fue muy profunda. Ibsen fue aplaudido por el mensaje social
de sus obras y se le consideró portavoz del nuevo espíritu progresista. Su
ataque a los convencionalismos sociales fue interpretado como un ataque contra
la sociedad española de su época.”
Fuente: http://www.aat.es/elkioscoteatral/las-puertas-del-drama
Es probable que muchos asocien obra teatral con ritmo narrativo poco fluído, Casa de muñecas y, especialmente, Pato Salvaje deshacen todas esas ideas, son textos vibrantes, con unos desarrollos vertiginosos, con una tensión narrativa que no te deja respirar.
Ibsen se cuida de caer en diálogos
extensos, en disquisiciones interminables de los protagonistas, incluso
predominan las conversaciones triviales, o al menos en un tono distendido, pues
uno en su hogar usa el lenguaje coloquial, nada del adjetivo rebuscado, solo la
palabra precisa como siempre predicaba Azorín.
De esta manera evita el
léxico artificioso, pero ese lenguaje cercano posee afirmaciones, titubeos,
opiniones, deseos, verdades y engaños que cargan sobre nosotros todo su poder
reflexivo.
Por todo ello, la intensidad
narrativa que logra en Casa de muñecas, y que irá in crescendo hasta la
conclusión, es espectacular.
Son estas últimas páginas
arrebatadoras, configurando uno de esos finales antológicos según la crítica, y
no puedo estar más de acuerdo.
Sirvan estas líneas, un diálogo de
Nora con su marido, Torvald Helmer, para hacerse una idea de la “temperatura”
que adquiere la obra próxima a su término. Añado que Ibsen no ha construido a Helmer como un marido despreciable, ni violento, nada de eso, al contrario, se muestra atento con Nora, solo que desde un rol paternalista, con una visión totalmente sesgada del papel que representa la mujer en la sociedad. Ya os dejo con el fragmento:
"Nora._ Ocho años de vida en común,
desde hace aún más tiempo, desde el día que nos conocimos, no hemos
intercambiado una palabra seria sobre cosas serias (…) nunca hemos hablado en
serio de ninguna cosa.
(…)
Helmer._ Pero querida Nora. ¿Es que te
habría gustado eso?
Nora._ Lo ves; nunca me has
comprendido, me habéis hecho mucho daño, Torvald. Primero papá y luego tú.
(…)
Helmer._ ¡Qué insensata y desagradecida
eres!
(…)
Nora._ Ahora mismo me voy de tu casa.
Christine me acogerá por esta noche…
Helmer._ ¡Estás loca! ¡Eso no te lo
consiento! ¡Te lo prohíbo!
Nora._ No te servirá de nada
prohibirme ya nada. Lo que me pertenece me lo llevo. De ti no quiero nada, ni
ahora ni después.
(…)
Helmer._ Eres una criatura obecada y sin
experiencia.
(…)
Helmer._ Esto es indignante. ¿Así que te
apartas de tus deberes más sagrados?
(…)
Nora._ ¿Cuáles crees tú que son mis
deberes más sagrados?
Helmer._ ¿Tengo que decírtelo ahora por
primera vez?. Los deberes para con tu marido y para con tus hijos.
Nora._ Tengo otros deberes igualmente
sagrados.
Helmer._ No los tienes. ¿Cuáles son,
pues?
Nora._ Los deberes para conmigo misma.
Helmer._ Ante todo eres esposa y madre.
Nora._ Eso ya no lo creo. Ante todo
soy una persona, creo yo, lo mismo que tú, o al menos intentaré serlo. Sé que
la mayoría de las gentes te darán la razón a ti, Torvald (…)
(…)
Helmer._ hablas como una niña. No
entiendes la sociedad en la que vives.
Nora._ No, no la comprendo. Pero ahora
voy a conocerla. Tengo que convencerme de quien tiene la razón, si la sociedad
o yo.
(…)
Nora._ (…) Te devuelvo tu anillo. Dame
tú el mío
Helmer._ ¿Hasta eso?
Nora._ Sí, hasta eso."
PATO SALVAJE.
El cónsul Werle celebra una
animada velada en su residencia, hay un reducido grupo de amigos, o más bien
conocidos, y además acude su hijo, Gregers Werle, a quien hace tiempo
que no ve, pues reside en otra localidad. El hijo se encontrará en la fiesta a
un buen amigo, el fotógrafo Hjalmar Ekdal, da la casualidad de que el
padre de este amigo y el cónsul eran viejos colaboradores, de ahí surgió la
amistad entre los hijos.
Gregers Werle tiene una relación difícil con su
padre, a quien guarda un gran resentimiento. Nunca le ha perdonado la
humillación que sufrió su madre, ya difunta, por las continuas infidelidades y
menosprecio del cónsul. Éste, como tantos hombres, consideraba el hecho de
tener amantes por aquí y por allá, una especie de “derecho natural” derivado de
su condición varonil, actuando con impunidad y ausencia total de
remordimientos.
El hijo aprovechará la ocasión
para ajustar cuentas con su progenitor, y decirle cuatro verdades a la cara.
Ibsen nos muestra una atmósfera en
donde campa la hipocresía, la simpatía impostada entre unos y otros mientras
ríen bebiendo su ponche en la fiesta del cónsul. A través de las distendidas
conversaciones que mantienen los personajes, nos irá descubriendo la farsa que
se esconde tras dichos actos sociales.
El drama en “El pato salvaje”,
o “El pato silvestre” según otras ediciones, se torna más trágico que en
“Casa de Muñecas.”
Varios días después de la fiesta,
una serie de malentendidos en el hogar de Hjalmar Ekdal, durante la visita de su amigo, Gregers Werle, en los que se ven
involucradas la mujer de Hjalmar y la hija adolescente de ambos, irán
precipitando las cosas, como una riada que va creciendo y acaba llevándose todo
por delante.
Aquí he percibido ciertas
confluencias de estilo con el gran Dostoievski, en las relaciones
envenenadas entre padres e hijos (Los hermanos Karamazov, en el caso del
escritor ruso), Ibsen, como Dostoievski, escarba en nuestras
interioridades y logra una trepidante tensión narrativa hasta la eclosión
final.
En el fondo, todos los personajes ibsenianos, igual que los de Dostoievski son seres desubicados del entorno que les rodea, personas que buscan su lugar en el mundo, que luchan por recuperar una dignidad perdida. Y eso les hace sumamente atractivos como apuesta narrativa.
En el fondo, todos los personajes ibsenianos, igual que los de Dostoievski son seres desubicados del entorno que les rodea, personas que buscan su lugar en el mundo, que luchan por recuperar una dignidad perdida. Y eso les hace sumamente atractivos como apuesta narrativa.
Si algún posible candidato a la
lectura de estas obras se desanima por ser género teatral, me atrevería a
asegurarle que su recelo se esfumará al poco de empezar. Yo me he quedado
literalmente pegado al libro, no siendo capaz de soltarlo hasta acabarlo en un
tiempo inusitadamente rápido, dada mi parsimonia lectora.
Aunque siempre nos quedará el cine.
Aunque siempre nos quedará el cine.
El Séptimo Arte también se llevó a
su terreno estas obras de Ibsen. Aparte de las viejas producciones nórdicas,
las más recientes que existen ya tienen algunos años, por ejemplo la versión
cinematográfica de "Casa de Muñecas" española (las hay anteriores en nuestro país)
de 2002, dirigida por José Manuel Armán y protagonizada por Amparo Larrañaga ,
Pedro Mari Sánchez y Juan Diego entre otros.
Casa de muñecas, escena de la película española con Amparo Larrañaga y Pedro Mari Sánchez.
También la producción inglesa en 1976,
de Patrick Garland, con Claire Bloom, Anthony Hopkins y Ralph Richardson
encabezando el reparto, magnífico sin duda.
Fotograma de Casa de muñecas en el film británico, con Anthony Hopkins y Claire Bloom en la imagen. http://www.actors-studio.org
Respecto a Pato Salvaje os traigo esta interesante producción australiana de 1983, dirigida por Henri Safran y
que cuenta con una pareja de lujo para los papeles principales, nada menos que
Liv Ullmann y Jeremy Irons.
Escena de Pato Salvaje. http://history.sffs.org/film
A medida que mediocridad literaria
va inundando los escaparates, más marginal se torna la obra de un autor como
Ibsen. Una escasa visibilidad que, siendo un autor tan influyente, no deja de
sorprenderme.
Pues eso, entre los restos del
hundimiento, me aferro a Ibsen como el náufrago al bote salvavidas.
No puedo irme sin dejaros con
Edvard Grieg, uno de mis compositores favoritos, y creador de esta bellísima
pieza musical que le encargó el propio Ibsen para su drama, Peer Gynt. Ahí va
mi movimiento predilecto de esta composición, Morning Mood:









