P. Castillo

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sábado, 30 de mayo de 2015

Sobre la libertad. John Stuart Mill, (Londres, 1806 – Aviñón, 1873)

No deja de ser una osadía abordar algo tan inabordable y complejo como la libertad, intangible y etéreo tanto si se está privado de ella como si no. Algunas personas se han sentido más libres estando presas que otras sin estar encerradas entre barrotes. Hace poco, un etarra arrepentido que accedió a una entrevista radiofónica y, tiempo después, a otra televisada, afirmó que al ingresar en la cárcel experimentó,  por primera vez en mucho tiempo, una verdadera sensación de libertad. Paradójicamente se consideraba un esclavo (¿de las opiniones de otros?), fuera de la cárcel y un hombre libre dentro de ella. El concepto de libertad es tan complejo como la propia naturaleza humana.
Estos días de fuerte marejada política he querido acercarme a una personalidad de gran trascendencia, John Stuart Mill, autor de un clásico fundamental en la filosofía y el pensamiento político; “Sobre la libertad ”. Un ensayo leído en un momento oportuno.
Mi verdadera intención no es hacer una invitación a la lectura del libro, si se hace, estupendo, claro. Pretendo más alentar reflexiones, esa saludable gimnasia para el cerebro, aunque tengo evidentes muestras, así lo reflejan sus comentarios, que los visitantes de este blog van sobrados en ese sentido.
Por tanto, a penas voy a detenerme en aspectos estrictamente narrativos ni en cuestiones de estilo, elementos, que sin menospreciarlos, no se le exigen a la filosofía con el mismo rigor que a la narrativa.
J. S. Mill fue una persona que si alguna vez tuvo sentido del humor, nadie, jamás, llegó a descubrirlo. El lenguaje, a menudo,  puede resultar árido por esa ausencia de espontaneidad propia de un carácter austero. Pero es tan revelador lo que dice, y por ello tan sintomático de nuestro tiempo, que mi interés nunca ha decaído.
Armado con una retórica poderosa, ataca lo que considera enemigos principales de la libertad, concepto que para él  no es otra cosa (nada más y nada menos), que la manifestación y expresión de la propia individualidad en toda la amplitud que le sea posible sin perjuicio a terceros. Difícil.
Salvando las contradicciones en las que lógicamente incurre por el juicio implacable del tiempo, algunos asertos no tendrían sentido en nuestra época, pero se puede aupar a la tribuna la generalidad de su pensamiento, después de “limar” ciertas aristas.
“El hombre es un animal de costumbres”. Afirmaba Charles Dickens.
J. S. Mill critica el “despotismo de la costumbre”, no la juzga per se, sabe que muchas actitudes sustentadas en ella han contribuido a mejorar nuestra convivencia.
Se refiere a que muchos individuos, sociedades y países adscriban comportamientos inadmisibles a la sacrasonta costumbre, como si todo lo que se hace en su nombre estuviese legitimado por mandato divino, y por ello la mayoría, esa voz colectiva que llama él, arremete contundente ante cualquier conato de crítica, o repudia al espíritu libre que se atreva a cuestionar lo que escapa a la razón humana, ya que proviene del cielo, o de donde sea.
Ensalzamos la costumbre como una suerte de ley no escrita, pero de categoría suprema. Nos entregamos sumisos a su servidumbre, sin cuestionarnos la conveniencia de obrar así. Hacerlo sería ir a contracorriente de la mayoría, y ésta no hace más que repetirnos el mensaje de marras:
 “Si la mayoría piensa diferente de ti, es que tú estás equivocado”.
 Lo que puedan pensar millares tiene visos de ser más lógico que lo que piensen unos centenares… ¿Sí?  Nada hay más ilógico que con-fundirte con la mayoría para que asuma por ti la responsabilidad de pensar. Sobre esa relajación de nuestro cerebro se asienta la complacencia con los abusos del poder.
La costumbre también presenta otras incoherencias dañinas. Imaginad estas conversaciones triviales, me las he inventado, pero podrían ser reales:
“¿Y tú cómo empezaste a fumar? En mi clase fumaban todos y yo no iba a ser menos…será la costumbre, la costumbre, LA COSTUMBRE.
¿Y en tu familia por qué se practica la ablación del clítoris? Es lo que siempre se ha hecho en nuestra aldea, la tradición de nuestro pueblo. En nuestra cultura, es la costumbre, la costumbre, LA COSTUMBRE.
¿Por qué nunca respetas la distancia de seguridad ni utilizas los intermitentes cuando circulas con tu coche? Bueno, actúo como lo hace todo el mundo… no sé,  la costumbre, la costumbre, LA COSTUMBRE.
Dime, ¿si nunca vas a misa por qué tu hijo hace  la comunión? Y peor aún, ¿por qué tiene que llevar un traje de marinerito? ¡Joder vaya preguntas! Aunque no acudamos a misa nosotros somos cristianos y eso lo que hay que hacer, es  la costumbre, la costumbre, LA COSTUMBRE.  Y punto.”
J. S. Mill también apunta a la tiranía de la opinión pública, por cuanto ésta siempre tiende a señalar acusatoria aquellas opiniones aisladas que disientan de la mayoría.
Me pongo a observar el panorama y adviertes la contradicción entre lo que dice la mayoría y lo que hace. La opinión pública condena enérgicamente la corrupción, pero muestra su inacción, y aún indiferencia,  ante el mantenimiento de una situación tan grave. Pero su “lógica contaminante” atenúa nuestra crítica, y claro, la mayoría no suele equivocarse, si obra así, eso es lo pertinente… ¿No?
Así que voy leyendo a la vez que  someto mis opiniones a un “chequeo” necesario y constato que salgo enriquecido del trance. Eso sin que hubiese una preocupante disparidad previa con lo manifestado. En la medida que notas como se fortalece tu opinión, percibes como se debilitan y tambalean las de los políticos que dicen representarte.
Algunas declaraciones que sostuvo el autor se ajustan mucho mejor a estos tiempos que las sandeces de muchos políticos en pleno siglo XXI.
J. S. Mill:
“Lo que cualquier persona pueda hacer libremente con respecto a las relaciones sexuales debería ser considerado como una cuestión sin importancia y puramente privada, que solo le atañe a ella misma”
Hablando de la escasa confianza que tenemos en muchos de nuestros políticos. (También los hay honestos, por supuesto) :
J. S. Mill:
“¿Por qué se llega a tener verdadera confianza en el juicio de una persona?; porque ha tenido abierto su espíritu a la crítica de sus opiniones y de su conducta; porque su costumbre ha sido oír todo cuanto se haya podido decir contra él, aprovechando todo lo que era justo, y explicándose así mismo, y cuando había ocasión a los demás, la falsedad de aquello que era falso (…) “
Ahora digo yo, ¿Cuántos políticos se aplican esto? Más aún. ¿Cuántas personas, en general, lo hacen, hacemos? Ahí lo dejamos.
Es fácil comprobar, cuando tus inquietudes buscan en los libros lo que no encuentran en el fútbol y la “telebasura” (ojo, que me gusta ver algún partido de fútbol), como este gobierno, y otros pasados, efectúan movimientos que no se ajustan a las reglas del juego, en este GRAN TABLERO DE AJEDREZ que simboliza la posición de los gobernantes sobre los gobernados. Los primeros quieren avanzar en el tablero con todo su contingente al completo; rey, reina, alfiles, caballos, torres y peones. Pero se han asegurado que enfrente, la ciudadanía, solo disponga de peones para contrarrestar su poder.
Indignados, vemos como utilizan la legitimación que les hemos otorgado con el voto para tomar decisiones por nosotros. Aunque muchos pretenden que al votar a fulanito, éste también tenga que pensar por ellos. Si fulanito se equivoca es un inepto y a los leones, si acierta es indicio de que nosotros no solemos equivocarnos. Siempre buscando la mínima implicación en todo.
Decía que desde el minuto uno en que llegan al poder, los políticos empiezan a tomar decisiones que rara vez coinciden con las que pretendíamos que tomasen al votarlos. Ejemplos actuales en España no faltan:
Subida brutal del IVA cultural y de otros productos básicos.
Empleo del dinero público para salvar de la ruina a entidades financiares y así poder seguir con la política de desahucios que ha dejado en la calle a tantas familias. Entidades que han robado impunemente los ahorros de otros tantos pensionistas indefensos.

Privatizar la sanidad pública.
Precarizar las ya devaluadas condiciones laborales. Los pocos peones del tablero solo pueden ocuparse en subsistir y sacar adelante a sus familias. Ofrecer resistencia estando tan débiles resulta complicado.
Paro, que necesitaría siete blogs.
Luego dicen los políticos que la ciudadanía decidió, al darles una aplastante mayoría en las urnas, que las cosas se hagan así. Y muchos, muchos lo creen por que no se cuestionan nada.
Me consta que un buen número de esas personas nunca han considerado leer como un tiempo bien empleado, una actividad de provecho. Ese es el ciudadano ideal para el poder.
Cada libro que leo me anima con más ímpetu a por el siguiente. Porque cada uno me ofrece aquello que tratan de dificultarme los dirigentes de turno; a saber, cuestionarme todo, la realidad tal cual y la que podría ser. Cuestionarme a mi mismo.
Con vuestro permiso, voy a por un libro. Como dice María, junto a una taza de té, saludos y que tengáis buenas lecturas.