P. Castillo

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miércoles, 11 de agosto de 2021

 

Mis libretas, y otras cosas…




 

Estoy leyendo muy poco en estos últimos y convulsos tiempos, pero no me preocupa, todos transitamos por ciclos variables en la vida, y se deben afrontar con toda la templanza que nos sea posible, y si algunas cosas se contraen… otras se expanden.

Vivimos en ese vaivén, nos contraemos pero luego nos expandiremos, somos olas a merced de la bajamar y la pleamar, subimos y bajamos, bajamos y subimos…


Foto de Paco Castillo, Asturias.

 

El ejemplo del mar me parece una acertada metáfora sobre nosotros; las olas pueden borrar un corazón que dibujaste pensando en alguien, deshacer un nombre que escribiste sobre la arena, en definitiva arrastrar tus recuerdos a las profundidades, y en un momento inesperado te entrega una caracola que ha recalado junto a tus pies, te la acercas al oído y escuchas el susurro marino, que no es otra cosa que escuchar tus silencios, sí, esos mismos que vuelcan a tu memoria recuerdos distantes que salen a flote, emergiendo de aquellas profundidades. 

Escuchar a la caracola es como recordar un viejo cuento que te contaba tu padre, o tu abuela, es regresar a tu raíz tirando de un sutil hilo enredado en tu alma. Así es, la caracola te llama como las sirenas a Ulises, es una suerte de reminiscencia que te cita con tu “Alma primitiva”, tal cual escribiera Lucien Levy-Bruhl, y que vengo catando, sorbo a sorbo, despacio.




"(...) la mentalidad primitiva piensa y siente a la vez todos los seres y los objetos como homogéneos, es decir, participando de una misma esencia o conjunto de cualidades. Lo que más le interesa no es disponerlos en series de clases, de géneros y de especies netamente distintas las unas con respecto a las otras, correspondientes a una cadena de conceptos (...). Intenta ante todo desgajar (...), por mucho que esto nos parezca extraño a nosotros, las disposiciones benéficas u hostiles de esta esencia."

Alma primitiva, Lucien Levi-Bruhl

Decía que no me preocupaba cruzar ese desierto lector (ahh… todos tenemos algún desierto que atravesar), la explicación es sencilla; siempre que mi mirada se aleja de los libros se refugia en el campo, en la contemplación de sus acontecimientos, sean majestuosos como el ocaso tras las montañas o apenas perceptibles como una mariquita encaramada al junco, y para mí observar es un alimento vital tan nutritivo mentalmente y poderoso (a veces más) como leer.


Por los Andes peruanos, foto Paco Castillo


 

Foto, Paco Castillo

Si acudo al campo es porque apenas recalo en el mundo virtual, no poseo eso que llaman "redes sociales", exceptuando el blog que para mí es un grato rincón, las únicas redes que me entusiasman son las telarañas adornadas con el rocío, o con gotas de lluvia, que habréis visto ya en mis fotografías.


                                    Foto, Paco Castillo

Yo ansío lo físico, el sentir mis pies pisando la tierra del campo, oler y tocar, escuchar y mirar la vida que allí acontece, también el drama de la muerte; el otro día presencié el desagradable episodio de un gazapito (cría de conejo), agonizando en sus últimos instantes de vida. De todo aprendo, todo me enseña y nutre mis pensamientos. Ese es un tiempo de calidad. Algunos creen que caminar por el campo y observar lo que te rodea, solo, con calma, sin hablar con nadie,  es como… no hacer nada, y sin embargo es cuando más me empleo, cuando los sentidos están más radiantes y despiertos, y no abotargados de ir aturdido en el metro, de transitar entre mil estímulos urbanos… escaparates, semáforos, atascos en el coche, el ruido de los bares, perdido entre trámites burocráticos, gentes corriendo a las rebajas, o a coger un sitio en un cacho de playa, o absortos en una pantalla de móvil deambulando por la ciudad como autómatas, etc, etc. No es que aborrezca la ciudad, con ello me refería a las grandes urbes, en donde impera más la hostilidad que la serenidad, casos aparte son otras perspectivas de ciudad con enorme encanto como Toledo, Segovia, Santiago de Compostela o la antiquísima Cádiz; ¿quién no se perdería en sus callejuelas con gran placer?

¡Zasss! de repente toda esa megaciudad se va al carajo, estoy muy lejos del cemento y el hormigón a gran escala, mis ojos persiguen a una mariposa monarca, tal vez estoy acercándome a unas genistas en donde revolotean abejas, o admirando a unos murciélagos haciendo sus acrobacias bajo una imponente luna llena.


                                    Foto, Paco Castillo


Y mis libretas.






No falta oportunidad en que me lleve una a caminar. Del mismo modo que no concibo la lectura sin una a mano.

En verdad las he usado en todo tipo de situaciones y escenarios; en el hospital como acompañante o paciente, en las esperas del colegio de mis hijas, escribiendo en un tren noruego rumbo a las montañas de Telemark y tomando notas sobre los pasajeros noruegos… porque iban todos descalzos y tomaban vasos enormes de café en un solemne silencio. O sentado en el cesped de Central Park mirando a los neoyorkinos y demás turistas, como yo, pasar ante mí. En fin, no pocos países están metidos entre mis libretas.

Escribiendo en ellas, recuerdo algunos momentos con especial nitidez. Por ejemplo cuando anotaba impresiones de “La escalada” novela de Ludwig Hohl (1904-1980). Y no tanto por la novela, que también, sino por el paisaje que me rodeaba; zigzageando por las imponentes moles de los Andes peruanos, cuando atravesaba en un interminable viaje en bus la región de Cajamarca, admirando su grandiosas montañas apuntaba notas sobre la lectura.

No sé hasta que punto reflejaba lo que me sugería la lectura… o las inmensas montañas que nos circundaban y hacían al bus, y a todos los que estábamos dentro, tan ínfimos.

Algunos de mis apuntes, impresiones, sobre La escalada:

"Asistimos a una conversación íntima con aquello que más aman los escaladores, la cumbre, palabra con una caprichosa ambivalencia metafórica; para los “escaladores” que pretenden ascender en el escalafón social y financiero, cumbre es sinónimo de poder económico y estatus social. Para los escaladores que intentan coronar el pico nevado, la cumbre es el lugar definitivo donde sentir la soledad de todo y de todos. Cada uno busca sus cumbres." (Paco Castillo)


Leyendo “La escalada” en la Cordillera Andina, Perú. Foto, Paco Castillo


No existe mayor resignación ante la muerte que la de un montañero, y no es claudicación, sino aceptación, pues reconocen con humildad que frente a la Montaña son muy poquita cosa. 

La intensidad de sus vidas radica en lo cercana que siempre tienen a la muerte, he ahí la fascinante paradoja que los configura.

O que decir de mis notas sobre la puertorriqueña Rosario Ferré, allí mismo en su tierra, Puerto Rico… asomado a un hermosísimo camposanto custodiado por el mar del Caribe.


Puerto Rico, foto de Paco Castillo


Decía en mi libreta que su escritura, entre otras cosas, es como un aguacero caribeño, y hay que dejarse empapar, sentir las gotas (las palabras) surcando tu piel.

U otras palabras que me surgían junto a un faro asturiano, leyendo a Sten Nadolny en el Elogio de la Lentitud (acercamiento novelado a la vida del marino John Franklin, el peculiar capitán del mercante HSm Terror).

"J. Franklin, la vida discurre ante sus ojos con una lentitud que exaspera a quienes le rodean y demasiadas veces a él mismo, pues no es de lento proceder por voluntad, sino por naturaleza.

(…) de cadencia relajada en su forma de estar en este mundo, en el hablar, en responder, en pensar, en reaccionar, en reír, en llorar… incluso en besar.

Esto le irá obligando a asumir los acontecimientos y resolver las vicisitudes de la vida con una actitud como mínimo especial.

Al fin y al cabo, ¿Quién se detendría, noche tras noche, hora tras hora, minuto tras minuto, a contemplar las estrellas y trazar mapas mentales en sus equidistancias?" (Paco Castillo)


El faro asturiano de Cabo Vidio es un buen lugar para leer “El elogio de la lentitud”. Foto, Paco Castillo

En mis libretas, en definitiva, conviven títulos de libros, impresiones literarias, pensamientos cazados al vuelo, ideas, momentos de inspiración, esas notas de campo, y que sé yo...






Y termino ya, dejándome aún muchos aspectos variopintos registrados en mis libretas, os dejo con unas impresiones que escribí en Perú, y aunque tenía en esa ocasión unos libros de Julio Ramón Ribeyro y César Vallejo junto a mí, no fueron ellos los protagonistas (lo serían en su momento), sino unos amigos cafetaleros reunidos en un chamizo, esperábamos a que escampara un diluvio universal que se abalanzó sobre nosotros. Entre trago va y trago viene de cañazo (aguardiente de caña) que yo evitaba como buenamente podía, saqué mi libreta, igual que Johnny tomó su fusil, y me puse a escribir…

 

Autorretrato, Cesara, Perú, 2015

"Una magnífica lluvia tropical repiquetea con gran estruendo sobre los techos de calamina, el golpeteo violento me hace pensar en una catástrofe inminente.

La angustia que a duras penas puedo disimular contrasta con la indiferencia absoluta de los allí presentes, atrapado entre una sucesión interminable de cumbias (género musical latinoamericano) que se reiteran más allá de lo soportable en la melodía y letra:

 

♫ ♫ (…) mi amor nunca ya tendrás, ya nada te consolará… (…)♫ ♫ 

 

Y por supuesto un trago de cañazo, aguardiente peruano, por aquí y por allá, para los compadres no hace falta un motivo de celebración previo por el que mojarse el gaznate, se toma… y luego ya se buscará.

Y es muy probable que mañana suceda lo mismo, igual que dentro de dos meses, y tal vez siga ocurriendo 30 años después.

Es como si el futuro no tuviese potestad para escribir un relato diferente a estas gentes, nada ni nadie descompone la escena, pues no conceden ni una mínima oportunidad a que un tiempo inexistente altere las melodías y letras de sus cumbias… "

 

 “♫ ♫ (…) me duele sentir tu ausencia

me mata la soledad

me hace falta tu presencia (…) ♫ ♫”

 

Cumbia de Corazón serrano

 

 

 

Paco Castillo, Cesara, Perú, sábado 3 de octubre, 2015.

 

sábado, 10 de julio de 2021

Introducción a la Botánica. H.J.M. Bowen (Oxford, Inglaterra, 1921-2001)

Editorial Juventud, 1ª edición 1979. Traducción de Luis Bosch Roura.




Érase una vez el Mundo…


Foto, Paco Castillo, primavera 2021.


 

 Antes del Whatsapp

 Antes del pasaporte Covid

 Antes de los indultos a unos políticos

 Antes de la Coca-Cola



“Durante el periodo del Carbonífero, hace ya 250 millones de años, las gimnospermas comenzaron a sustituir a los helechos y licopodios como árboles dominantes en los bosques. En esta época, América del Norte y el norte de Asia estaban unidas en un único continente en el hemisferio norte, mientras que América del Sur, África,, India, Australia y la Antártida formaban al sur un continente llamado  Gondwana.

 

Gran parte de Europa debe de haber estado oculta y frecuentemente sumergida debajo del mar, puesto que los bosques de esta era han sido conservados como bandas de carbón. Las primitivas mignospermas (…) se han encontrado fosilizadas en carbón,(…) aunque los musgos raramente se han conservado como fósiles y pueden haber estado presentes con anterioridad en la Historia de la Tierra

A pesar de que la flora del Devónico  fuera cosmopolita, desde el periodos Carbonífero y Pérmico se pueden distinguir cuatro regiones vegetales distintas.

El Gondwana tenía una flora subtropical dominada por los helechos con semillas, mientras que Europa y América del Norte tenían una flora subtropical con gran cantidad de licopodios y coníferas más recientes.

 

La región de Cathaysian, en China, las Indias Orientales y el noroeste de América fueron también subtropicales (…), mientras que Siberia central tenía una vegetación propia de los climas templados y fríos.

El periodo Pérmico finalizó con la época de formación de las montañas Hernicianas (…).

Cambios catastróficos en el clima, incluyendo una Edad de Hielo, destruyeron muchos licopodios, equisetos y helechos con semilla.

Cuando cesaron las principales convulsiones, los bosques llegaron a estar dominados por (…) cicadinas semejantes a Palmeras y gingkoales de grandes hojas, así como coníferas parecidas a las actuales. (…)

Al final de la era Jurásica, hace 180 millones de años, los bosques contenían árboles de géneros actuales, tales como Sequoia (secoya), Cuperssus (ciprés), Araucaria (araucaria) y Gingko (gingko).

 

(…) en las rocas del Jurásico aparecieron los primeros fósiles de abejas y moscas primitivas. Probablemente algunas se alimentaron del polen de las cicadinas y otras gimnospermas, pudiendo haber empezado a contribuir a la polinización cruzada.

En las rocas del Cretácico (hace 130 millones de años) se han encontrado un gran número de angiospermas fósiles. (…), muchos géneros actuales, tales como Magnolia, Quercus (roble) y Platanus (plátano) se han encontrado en las rocas de Groenlandia.

(…) hace aproximadamente 60 millones de años, la vegetación de Gran Bretaña era una selva de lluvia tropical parecida a la que se encuentra hoy en día en Malaya.

 

(…) está demostrado que la geografía y el clima de la Tierra están cambiando constantemente y de forma imprevisible y que no solo las plantas individualmente, sino todas las comunidades pueden ocupar partes del mundo muy distintas de las regiones donde se originaron." (pp 192)



Érase una vez el mundo…


 Antes de las crisis migratorias con los refugiados

Antes de Amazon

Antes del turismo

Antes del conflicto israelí palestino






"A menudo no se comprende que el hombre pueda destruir tan efectivamente un bosque permitiendo un pastoreo excesivo (cámbiese hoy por campos de golf, urbanizaciones, autopistas, centros comerciales…) o mediante la tala del mismo. El proceso del pastoreo produce efectos a largo plazo (pero los factores arriba citados entre paréntesis son de efecto inmediato sobre la naturaleza), puesto que actúa impidiendo que las semillas de los árboles perseveren. La destrucción de los animales carnívoros por el hombre ha sido también un factor en este proceso. Si los carnívoros, como los zorros o los gatos monteses, son destruidos, los pequeños roedores progresan rápidamente, siendo estos los que, al comer semillas, impiden la regeneración del bosque." (pp 242)





PD. Fotografías de Paco Castillo.

miércoles, 5 de mayo de 2021

 

Ayuso



Ayuso ha sido la mejor jugadora de póquer en esta partida por el feudo madrileño, si todos iban con su farol o embuste, el de Ayuso ha sido el mejor, si todos iban con un as en la manga, el de Ayuso ha sido también el mejor.

Cuando salí ayer de mi colegio electoral, voté junto a mi mujer casi a las 19:00 h (exactamente a las 18:50), nos sorprendía gratamente la altísima participación comparada con los comicios anteriores, y muy especialmente la participación en ese sur obrero y humilde de la Comunidad, lo que alentaba mis pronósticos en favor de un resultado ajustado entre el bloque más a la izquierda y el de la derecha, con Ayuso y Vox (excluí a Cs, que ya daba por desaparecidos de Madrid).

Mi mujer y yo no somos votantes de la derecha, nuestros votos se repartieron entre la señora Mónica García, de Más Madrid, y Gabilondo, del Psoe. A ninguno de los dos nos terminaba de convencer Pablo Iglesias, aficionado también al “ruido” como los voceros de las derechas, me cansa eso de estar siempre a la gresca.

Mi desconcierto fue in crescendo al comprobar que ese ansiado voto del sur obrero, los más precarios, el de la población con las rentas más bajas, fue a la derecha, así es, lo acaparó Ayuso como demostración de lo efectivo que ha sido su discurso, magistralmente dirigido al corto plazo, a las sensaciones y emociones del momento, al hartazgo de las restricciones pandémicas, contraponiendo esas restricciones al placer de tomarse unas cañitas en la terraza, salir con los amiguetes de copeo y aperitivos, tomar unos calamares y mover el body en la discoteca, “por que nos da la gana”, y punto, decía Ayuso en un mitin. 

Y eso ha calado en el sufrido y cansado madrileño de la pandemia, sobre todo en los humildes del sur, bastante más sufridos y cansados que los del barrio de Salamanca.

Ayuso sabía muy bien hacia dónde apuntar, no era a las necesidades cruciales de Madrid con la sanidad a la cabeza; tomar unas cañitas y vermout en una terraza no es una necesidad esencial, sino a los deseos inmediatos, más viscerales y primarios, su discurso se ha elaborado apelando a esos sentimientos y emociones que brotan a flor de piel. 

Lo paradójico, siendo el PP un feroz enemigo de los populismos, es haber aupado con Ayuso uno de los discursos más populistas que se recuerdan en una campaña madrileña, y si apelar a la libertad, en plena pandemia y emergencia sanitaria, de tomarse unas cañitas porque me da la gana, reunirme con mis  colegas porque me da la gana y de bailar en la discoteca por que yo lo valgo y que se joda el virus, si eso no es populismo… entonces no sé en qué planeta habito.

Hace días me leí los programas electorales (sí, lo hago) de las formaciones en litigio, puse especial interés en las medidas en Medio Ambiente, las del Psoe estaban casi al principio del programa, eran extensas. Las de Más Madrid eran igualmente muy extensas.

Como ya intuía antes de encararlas, las medidas medioambientales de la derecha eran poco menos que una broma de mal gusto (¿Cuándo carajo le importado a la derecha los árboles, los bosques, ríos, las aves, el aire limpio, etc, etc?), el apartado medioambiental del PP de Ayuso estaba arrinconado al final, creo recordar que la medida estrella, entre lo exiguo de propuestas, era plantar 500.000 árboles, lo anecdótico es que esto ya se planteaba pues Filomena destruyó tropecientos mil.

Pero ahí no acaba la cosa, yo ya me sé eso de los árboles en mi rico y rutilante municipio, Pozuelo, feudo indiscutible de la creme de la creme pepera. Resulta que ahora van a construir la enésima urbanización de lujo en un área de gran valor ecológico, nada menos que Montegancedo, arrasarán miles de Pinos centenarios, encinas y otras especies arbóreas, de hecho lo harán más pronto que tarde pues el proyecto se aprobó. Esto de arrasar grandes masas forestales para levantar urbanizaciones elitistas que solo una minoría puede permitirse ya es practica antigua en mi municipio.

De nuevo el ladrillo, ladrillazo por aquí y ladrillazo por allá, esa manera de enfocar que tiene el pp las políticas municipales, en cuanto ven zonas agrestes y boscosas, campos idílicos, sus ojos los transforman en apabullantes urbanizaciones, complejos turísticos y centros comerciales, por cada pino centenario o encina ven en sus bolsillos  “money” contante y sonante. Eso de observar volar milanos negros, reales, alcaudones, etc, es para cuatro estúpidos románticos, eso no da un euro, a ver si os enteráis, el progreso es otra “cosa”.

He ahí la trampa, Ayuso plantará 500.000 árboles y dentro de unos meses, con el beneplácito de su alcaldesa del PP, se arrasarán  650.000, me salen números rojos medioambientales.

El progreso, (sacrosanta palabra) en la derecha consiste en llenar de cemento y contaminación áreas en donde antes había naturaleza, vida animal y aire más o menos respirable. Se elimina a los productores de oxígeno para sustituirlos por productores de contaminación, eso siempre estuvo en las políticas de la derecha, no me invento nada.

 

El pueblo madrileño ha elegido.

Han considerado que lo primordial ahora es tomarse unas cañitas en la terraza, mientras calienta el solecito primaveral, y luego por la tarde, porque me da la gana, me echo un bailecito.

Y todos gritan Libertaaaad, como el William Wallace de Brave Heart, todo muy cinematográfico.

Respirar veneno en la Gran Vía madrileña ahora no es importante, estamos en otras cosas, los jóvenes franceses que acuden al reclamo de la fiesta madrileña lo saben bien, lo que importa es el ahora, y mañana a otra cosa mariposa.

 ¿Y el medio ambiente?

¡Pero si están los campos verdísimos y llenos de flores!, piensan tantos madrileños con su tapa de calamares y cañita en las manos, qué grande es Ayuso dicen al sol de la terracita primaveral, mientras degustan una ración de patatas bravas.

Por cierto, hoy no hay una sola nube por aquí, parece que han puesto pies en polvorosa…

 





lunes, 3 de mayo de 2021

 

Murallas en el cielo


Viernes 30 de mayo.

 

Ayer escuché en la radio que el día estaría nublado (el viernes pasado), lo cierto es que ha lloviznado por la noche, pero al salir hacia el colegio con mis hijas y mi mujer, teníamos un perfecto cielo primaveral, un azul limpio, aunque se veía amenazado por el avance de unos espectaculares cumulonimbos, unas nubes muy fotogénicas.




Fotos, Paco Castillo

Una vez en casa, ya solo, después de que Araceli saliese a su trabajo, me he tomado un descafeinado, hace un tiempo que lo tomo sin cafeína por una medicación… pero no es lo mismo, he preparado mi cámara de fotos y he cogido un libro, presto a salir fuera.

He regresado hace nada de un paseo campestre.

Suelo ir mucho a unas eras solitarias de gente, que no de vida, son de vegetación humilde, retamas sobre todo, pero a cambio ofrecen ese aspecto primaveral de alfombras multicolores, aunque suene cursi es una veraz comparación, si las miras con ojos entrecerrados, provocando el abigarramiento cromático, parece uno de esos cuadros impresionistas que Vincent Van Gogh pintó en Arlés. Por cierto, tengo una biografía de Van Gogh y me remitiré a su principio más abajo.


Foto, Paco Castillo

Las praderas que frecuento están situadas a sotavento respecto a la sierra madrileña, esto quiere decir (sotavento) que estoy en el lugar opuesto de donde viene el viento, a partir de un enclave determinado, en este caso la sierra de Guadarrama, así que a primeras horas sientes una brisa serrana y fresca sobre el rostro, suavizada por el clima más cálido de esta época. En invierno, paseando por aquí y en un día claro, he visto llegar copos de nieve arrastrados por el viento de barlovento desde la sierra, mientras el cielo estaba azul radiante, extraña visión.

 

No es lo mismo una caminata en el despuntar del día que a últimas horas de la tarde. Por la mañana temprano la luz solar es diferente, aún está desperezándose, los sonidos del campo son diferentes, destacan los trinos de los mirlos, más madrugadores que otros pájaros, o tal vez sea el armonioso poderío de su canto, que parece enmudecer al resto, excepto a las urracas… pero éstas no cantan, solo graznan, del mismo modo que hacen muchos políticos, graznar, fenómeno que nada tiene que ver con Aznar, o igual sí.

Aunque a medida que avanza la mañana van cambiando las tornas y los jilgueros, vencejos o golondrinas acaban imponiéndose.

Foto, Paco Castillo

Esto dice la reconocida compositora finlandesa, Kaija Saariaho (1952) respecto a la música:

“El canto de los pájaros en los bosques finlandeses en mi infancia es la música más bonita que he escuchado.”

El olor campestre también es diferente, todo amanece acariciado por el rocío y te embriaga el aroma a flores frescas.



Fotos, Paco Castillo

Y si además ha llovido verás los espigales engalanados con las gotas de lluvia, como si estuvieran enjoyados con perlas, igual que las telarañas y las gotitas prendidas de los hilos, que vistas a cierta distancia parecen las gargantillas de una vieja condesa… no sé si la condesa también será viuda negra, como la despiadada araña, la única vida social de esta araña tiene lugar en el apareamiento con el macho, y una vez que éste ha “cumplido” será devorado por su amante.

La violencia de género siempre ha existido en la Naturaleza, y lo singular es que se presenta como el reverso de lo acontecido en las sociedades humanas, en el ámbito natural generalmente el macho es quien resulta devorado, sobre todo al realizar el acto sexual.

El macho de la mantis religiosa es despezado por la hembra, a veces incluso cuando está todavía copulando… depende de lo religiosa que en ese momento esté la compañera mantis, no me negaréis que su religiosidad tiene mucho morbo.

Ignoro si estas leyes de la Naturaleza son un acto de justicia poética. 

Todo tiene su anverso y reverso.

Al iniciar la caminata tenía un par de intenciones claras; ver a mi colega, un cernícalo primilla que  además sé donde anida, pero obviamente no lo molesto, y un milano negro, ambos suelen sobrevolarme cuando incursiono por las praderas, ya de un verde intenso salpicado con los colorines de las flores; amapolas, margaritas, verbenas, aguileñas, alisos, arvejas, campanillas, malvas, centellas, genistas, jaras, etc, etc.


Foto, Paco Castillo

Bueno, estaba con mis amigos alados. Los dos llegan cada primavera desde África y, asombrosamente, lo hacen sin la condición de refugiados. Será que tienen permiso divino; “los mensajeros de los dioses” , tal cual señalaba Eurípides a los pájaros.

Me gusta mirar al cielo, lo observo mucho, tal vez engañándome por pensar que ahí arriba no existen refugiados ni murallas… pero murallas hay, no las han construido porque materialmente es imposible, pero han redactado en un documento oficial que ese cielo de arriba tiene propietarios.

Y si no que se lo digan a aquel adolescente alemán, Mathias Rust, que allá por el 87 aterrizó con una destartalada cesna nada más y nada menos que junto a la Plaza Roja de Moscú, burlando todo el espacio de defensa de media Europa, incluida la casi inexpugnable muralla aérea del Kremlin, una inocente aventura de Mathias que le pudo costar la vida. Lo pagó con un año de cárcel en Moscú, poquita cosa para lo que todo el mundo esperaba.

Lo fascinante es que el propio Gorbachov se frotó la manos de satisfacción con esta fanfarronada del adolescente alemán. Lo aprovecharía para deshacerse de un nutrido grupo de militares y funcionarios, culpables directos de este grave descuido, que además eran indisimulados opositores a la Perestroika de Gorbachov y su apertura a la democracia y al mundo… vaya con la broma del mozalbete alemán y lo que esta supuso para la geopolítica mundial, escribió en el cielo con su cesna una nueva realidad.

Somos lo más, como no podíamos construir un muro en el cielo lo hemos levantado sobre un documento que lo representa, somos grotescos a más no poder.

Los pájaros, como mis colegas el cernícalo y el milano, son libres para volar en esos cielos prohibidos, ya dijimos que ellos no tienen condición de refugiados.

Las nubes igualmente tienen libre acceso.


Foto, Paco Castillo

A golpe de talonario se puede vallar el cielo, o incluso comprar la eterna juventud. Michael Jackson lo hizo, se compró una carísima cámara hiperbárica para permanecer “forever young” (joven para siempre), que dice una canción. Y a fe que lo consiguió, murió aún joven. Ya es eternamente joven.

Me llevé también un libro al campo, “La vida de un inútil”, de Joseph von Eichendorff, otro escritor del romanticismo alemán que he estado ojeando después de Novalis.


La novela de Eichendorff arranca con una escena protagonizada por gorriones sobre el tejado de un viejo molino (tengo la impresión de que los molinos siempre fueron viejos), y la nieve deslizándose por el tejado de éste… otro mundo.


A este paso mi blog se va a convertir en un santuario para los gorriones, ya que menciono el molino y los gorriones de Eichendorff, sabed que en el campo la subespecie de gorrión predominante es el gorrión molinero, mira tú por donde.

Los gorriones copan muchas “portadas” y letras por aquí. A veces de tanto observarlos creo que se producirá una transmigración; los gorriones cada vez se parecen más a mí, acabarán leyendo a Delibes (que también los escribe en sus novelas), y yo terminaré siendo uno de ellos, calentándome con un tibio sol invernal sobre un desvencijado molino, y simplemente leyendo las nubes y el cielo.

Una de mis hijas, Izaskun, alimentando a los gorriones en el Parque del Retiro, Madrid. Foto, Paco Castillo.


Ahora es domingo por la tarde (aunque leeréis esto el lunes), el cielo ya está algo ajado, maleado, no tiene esa virginidad matinal. Desde mi ventana se escucha el arrullo de una paloma que no veo, y el piar de unos gorriones, como no.

Las tardes del domingo por aquí son calladas y las calles se ven despejadas, sin gentío. Pero a un kilómetro escaso de mi puerta, está esa campiña que os he contado, ese óleo de Van Gogh, ahora os muestro el comienzo de su biografía que os refería por arriba:

«Si hubiera alzado la voz desde el principio, en vez de callarme en todas las lenguas del mundo», gritaba Van Gogh, de quien no se sabe si fue un pintor, un grito o la soledad misma (…)

Si estoy en lo cierto, los únicos gorriones que pintó Van Gogh fueron unos muertos.


Cuadro gorriones muertos


Por el contrario, en sus últimas semanas con vida, pintó al oleo unos cuervos que volaban sobre un trigal de Arlés al atardecer, cuando la luz del sol ya había muerto, y bajo un violento cielo que presagiaba la inminente tormenta.



Eso sí, no receléis de los cuervos, el dios nórdico Odín portaba dos sobre sus hombros; Hugin (el Pensamiento) y Munin (la Memoria), que volaban por el mundo para traerle noticias. 


Foto, Paco Castillo


Pero siempre temía que no regresasen, especialmente Munin… la Memoria.














domingo, 11 de abril de 2021

Encontrar o perder…


Muchas veces suelo iniciar el fin de semana con una sesión radiofónica matinal, concretamente con el siempre brillante Javier del Pino pilotando “A vivir que son dos días”. Los domingos le acompaña uno de sus invitados fijos; Juan José Millás, el escritor lleva ya unos años aderezando las primeras horas del domingo con Javier del Pino. Me gustan los ingeniosos comentarios de Millás, sazonados con variadas anécdotas personales de lo más jugoso, sumado al aliciente de su habilidad para mezclar ironía y humor.

Hoy ha comentado una cosa que me gustó sobremanera; recomendar a la gente empezar la mañana con un poema, de tal suerte que las meigas podrían confabularse para dar sentido al día mediante el poema.

Más tarde Millás relataba a los oyentes una visita, acompañado de otra colaboradora, a una oficina de objetos perdidos, y hacía una puntualización curiosa; en Cataluña estos locales se denominan oficinas de “objetos encontrados”, y señalaba Millás con buen criterio que le parecía más acertada esta denominación, puesto que esos objetos han pasado de perdidos a hallados por otra persona y llevados allí. Y además, continuaba, encontrado tiene una connotación positiva, al contrario que perdido.

Me pregunto si ahora los que están perdidos son esos dueños de los objetos hallados.

Igualmente señalaba el escritor que esas personas que encuentran los objetos perdidos y los llevan a la oficinas pertinentes, muchos sabedores que pasado un periodo pueden reclamarlos, son los llamados “trovadores”, así se les conoce en este ámbito.

Pienso en aquellos que recuperan nuestros recuerdos, por ejemplo una madre, un padre, la abuela, un amigo de toda la vida que te cuenta una vivencia compartida ya olvidada, u otra experiencia reseñable protagonizada por ti en la que nunca habías reparado y te sorprende cuando lo cuenta tu abuela.

Obviamente estas personas cercanas se habrían ganado con justicia el título de “trovadores de recuerdos”.

En otros casos uno desea que ciertos recuerdos no se crucen con su trovador, que permanezcan perdidos para siempre…

Después se dio paso a un biólogo, apuntaba a  algo muy relevante, pero que muchos considerarán insignificante, eso es lo grave.

Decía que desde 1990 han desaparecido el 40% de las mariposas…increíble. Y lo triste que es pasear por una pradera florida y apenas avistar mariposas, como si fuese un desierto biológico, matizaba el científico.

Aunque si no me equivoco peor es la situación de los gorriones en las  grandes ciudades europeas, hasta un 60% de la población ha desaparecido.


Mariposas de la col. Foto, Paco Castillo


Gorrión. Foto, Paco Castillo


Ah, no puedo ignorar el excelente consejo de Millás, acudo a Novalis, fácil mi decisión pues lo estoy catando estos días primaverales, lo que no deja de ser una contradicción; Novalis, como buen poeta del romanticismo, amaba las tinieblas de la noche, ese reino de oscuridad tan distante del esplendor y la luz primaveral.



Bueno , ahí va este bellísimo 
fragmento.


¿Qué es lo que nos retiene aún aquí?

Los amados descansan hace tiempo.

En su tumba termina nuestra vida;

miedo y dolor invaden nuestra alma. 

Ya no tenemos nada que buscar -

harto está el corazón - vacío el mundo.