La Ciudad del Sol (1601). Tommaso
Campanella (Nápoles, 1568 – París, 1639).
Editorial Zero, 1971. 120 páginas.
Foto, Paco Castillo.
Poco se puede hacer encerrado en
una cárcel medieval, excepto malnutrirse con la exigua ración, respirar el aire
pestilente y enmohecido de la celda y, ya que el debilitado cuerpo estaba
condenado a la inacción, al menos dejar que la mente volase lejos de allí, tal
vez a… La Ciudad del Sol.
La Ciudad del Sol es una bella frase para un
título, sin duda. Hay una incitación en esta unión de palabras a buscar un
lugar así, pleno de claridad, incluso sin estar en la celda, por ello imagino la
desesperada necesidad de hallar tal paraíso cuando uno se consume en la oscuridad
del calabozo.
Utopía es una palabra que proviene del
griego; οὐ
("no") y τόπος ("lugar"). Su traducción literal es no-lugar.
La Ciudad del Sol es una utopía, un no-lugar
que sin embargo la mente encuentra, puesto que se escapa de otro no-lugar
aún mayor, la mazmorra en la que yacía Tommaso Campanella.
En ese sentido, y aunque suene
algo perverso, no podría haber una situación más inspiradora para crear una utopía
que estar confinado en la penumbra de la mazmorra. Vista la brillantez de la
obra, así cabría considerarlo con el autor calabrés, privado de libertad nada menos que 27 años
tras ser acusado y condenado por el Tribunal Eclesiástico de entonces.
Los delitos que
pesaron sobre él están de plena actualidad por aquí con el tema del Procés;
conspirar y urdir un plan para propiciar la sublevación contra la dominación
española en Calabria, en Nápoles y otras regiones italianas bajo la
jurisdicción de las sucesivas monarquías hispánicas del Antiguo Régimen, un
extenso período de control en territorio itálico, por el que nuestro vecino
mediterráneo fue denominado la “Italia española”. Corría el año 1600
cuando acontecieron estos hechos con Campanella.
Sufrió innumerables torturas durante los cinco meses encarcelado, previos al proceso, hasta que firmó la acusación por herejía y rebelión. Muy poco antes del “juicio” prendió fuego a su celda, y comenzó a comportarse como un tarado (no se sabe si en verdad llegó a perder la razón por las torturas… o era una estrategia).
Sufrió innumerables torturas durante los cinco meses encarcelado, previos al proceso, hasta que firmó la acusación por herejía y rebelión. Muy poco antes del “juicio” prendió fuego a su celda, y comenzó a comportarse como un tarado (no se sabe si en verdad llegó a perder la razón por las torturas… o era una estrategia).
Los tribunales dictaminaron su
enajenación y conmutaron su pena de muerte, que sí afectó a otros compañeros,
por una cadena perpetua (que no cumpliría). Sea con locura o no, en presidio
escribiría esta obra tan… lúcida.
Tommaso pretendía instaurar una República
Teocrática en Calabria y expandirla al resto de territorios italianos sometidos
al imperio hispánico.
Un ideal que trasladaría a su obra carcelaria, La
Ciudad del Sol. El plan fue delatado por un traidor. Lo sentenciaron por
rebelión y herejía hacia las autoridades españolas en Italia.
Sin embargo
reconocía que la monarquía española, por aquel entonces la de Felipe IV,
era la institución más idónea para poner en práctica la reforma universal que
ansiaba, puesto que no creía en las Reformas de Lutero y Calvino,
alejadas de los ideales católicos que defendía, nada raro habiéndose formado
con los Dominicos.
Para aclararse en este embrollo de
“contigo pero sin ti”... Dejo un enlace.
Foto, Paco Castillo.
Después de tantos avatares acabó sus días refugiado en París, bajo la protección del Cardenal Richelieu, convirtiéndose en su consejero. Campanella fue un ser regido por la heterodoxia, uno de los personajes más contradictorios y enigmáticos de su tiempo.
Nadie sabe a ciencia cierta que bullía en aquella mente desconcertante. Llegó a ser el astrólogo confidencial nada menos que del papa Urbano VIII, pues este temía una muerte cercana anunciada por el horóscopo.
Hay una sugerente biografía de
Campanella, “El misterio Campanella” escrita por Jean Delumeau que podéis ver
aquí:
No se puede entender la polémica
que generó esta obra sin una sucinta explicación de la doctrina ideológica predominante,
allá por el año 1602, se trata del
Pensamiento Escolástico expandido en buena parte de la Europa Medieval.
El Pensamiento Escolástico, como doctrina filosófica, se
basaba en el acatamiento de todo saber a la fe, a las sagradas escrituras
cristianas, y por tanto margina al método científico como una fuente autónoma
del saber, pues todo emana de la palabra de Dios contenida en la Biblia. No se
ignora a la ciencia, no se trata de eso, pero la ciencia es una rama que brota
de la fe religiosa, y se debe a ella.
Lo que se hace en la Edad Media es
adaptar las ciencias y el pensamiento filosófico de los antiguos
griegos, fundamentalmente el de Aristóteles, al Cristianismo,
derivando en lo que se llamó Escolástica. En resumidas cuentas, el Cristianismo
les confirió un nuevo significado.
Por mis estanterías, esta es una de mis predilectas. Foto, Paco Castillo
Y contra esa corriente escolástica
irrumpe La Ciudad del Sol, reflejo del espíritu díscolo de Tommaso Campanella, catalogada por
los académicos de utopía comunista, pues lo es en el sentido de
presentar una organización social y política que a grandes rasgos explica el ideario comunista.
Pero luego hay múltiples matices,
que pueden traducirse como elementos de contradicción, en esta particular
ciudad caracterizada por la redistribución de la riqueza, la propiedad
colectiva y la participación, más o menos igualitaria, de la mujer y el hombre
en el sostenimiento de la república, aparte de otros aspectos asociados al
comunismo.
Muchos de estos matices son
concebidos por el lector actual, y recalco lo del lector actual, como
incongruencias de naturaleza social y política, inevitables en un ideal
político que aspira a una razonable igualdad sin abandonar del todo su carácter
religioso (ya señalé que se trata de una República Teocrática), lo que
produce disparidades.
Foto, Paco Castillo.
Al fin al cabo, Campanella era un fervoroso
católico, pero de un modo sui géneris, sin renunciar a otras pasiones como la
magia y la astrología, fruto de su alma
curiosa e inquieta, esto le suponía un conflicto permanente con la autoridad
católica.
No obstante, La Ciudad del Sol
presenta postulados escandalosos (por ejemplo los mencionados arriba) para el
poder regente de aquellos tiempos, una jerarquía eclesiástica omnipresente
que infundía temor a estas gentes.
Por ello tuvo Campanella al
Tribunal de la Inquisición pisándole los talones, de hecho ya antes de
esta obra fue encarcelado por la Santa Inquisición , aunque no fue una
larga estancia, el motivo es el señalado más arriba, su afición a la magia y
la astrología, una ambigüedad que le situaba entre el católico sumiso y el
hereje descarado.
Campanella fue el discípulo más importante
de otro célebre filósofo italiano; Telesio, y la obra del primero está
fuertemente influenciada por el segundo. Telesio criticaba con dureza la
corriente aristotélica que nutrió a la Escolástica medieval.
“Consideraba que los escolásticos
seguidores de Aristóteles confiaban mucho en la razón y muy poco en los
sentidos. Los “razonadores”, pensaba él, confiaban excesivamente en sus
capacidades para alcanzar los secretos de la naturaleza por métodos
silogísticos.”
Esta influencia de Telesio
queda patente al concluir la exposición de su “república soleada”. Se abre un
apartado curioso, Tommaso se convierte en juez y verdugo de su propia
utopía; despliega unas posibles objeciones a su proyecto para, a
continuación, rebatirlas una por una, y la forma de hacerlo es desmontando una
serie de preceptos aristotélicos (aparecidos en la obra que escribiera Aristóteles,
“La Política”, en donde presenta su concepción de República) que de ser
empleados en la Ciudad del Sol, harían fracasar el modelo político de
Campanella, al que augura más posibilidades de éxito por ser menos complejo y
más equitativo que la república aristotélica.
Foto, Paco Castillo.
Valga de ejemplo la primera
objeción que establece Campanella, os dejo la fotografía.
Foto, Paco Castillo.
Otra importante inspiración para La
Ciudad del Sol viene de la famosa “Utopía” escrita por su admirado Tomás
Moro, el influyente pensador inglés, circunstancia que anuncia Campanella.
Fotos, Paco Castillo.
Dicho todo esto, estamos ante la redacción de un programa político peculiar, pero no es una novela. Eso sí,
Campanella creó a dos personajes como protagonistas de una fascinante
conversación, para darle agilidad a su texto, como reza en el prólogo:
“La obra está realizada en forma
de diálogo entre un Caballero Hospitalario y un Marino genovés, quien describe
la ciudad ideal que ha visitado en sus viajes (…)”
Hay fragmentos muy destacables, de
esos que mantienen su vigencia al margen de siglos y geografías, veamos estas
líneas, cuando el Almirante genovés le cuenta al Maestre Hospitalario
que la Ciudad del Sol está dirigida por un gobernante de gran sabiduría:
"Gran Maestre (Caballero
Hospitalario).- (…) un sabio parece ser el menos apto para gobernar.
Almirante (Marino genovés).- Esto
mismo les objeté yo también. Pero ellos me contestaron: tan ciertos estamos
nosotros de que un sabio puede poseer capacidad para gobernar, como vosotros,
que anteponéis hombres ignorantes, considerándolos preparados únicamente por
descender de príncipes o por haber sido elegidos por el partido más poderoso.
(…) pues consideráis (…) que para
lograr la sabiduría tal como vosotros la entendéis solo se requiere (…) un
servil esfuerzo de memoria que incapacitan al hombre, pues de ese modo no se
dedica a conocer las cosas, sino solamente las palabras de los libros. Y por
tal manera envilece su alma con signos muertos.”
Otro sin desperdicio:
“Almirante.- Los habitantes de la
Ciudad del Sol reconocen que en el mundo hay mucha corrupción y que los hombres
no se rigen por razones elevadas o verdaderas. Los buenos son atormentados y
desatendidos. Dominan los malos, aunque tal triunfo es denominado infelicidad,
pues viene a ser una cierta aniquilación y ostentación de aparentar lo que en
verdad no son, es decir, reyes, sabios, valientes, santos.”
Y que decir de esta impresión que
tiene Campanella sobre la Nápoles de entonces… comprobamos que la
dudosa reputación de la villa no es cosa contemporánea, con la camorra napolitana,
sino que el percal ya era así en el año 1600:
“Almirante.- (…) Entre los
habitantes de la Ciudad del Sol no hay la fea costumbre de tener siervos, pues
se bastan y sobran a sí mismos. Por desgracia no ocurre lo mismo entre
nosotros.
Nápoles tiene setenta mil
habitantes, de los cuales trabajan solamente unos diez mil o quince mil, y
éstos se debilitan y agotan rápidamente a consecuencia del continuo y
permanente esfuerzo. Los restantes se corrompen en la ociosidad, la avaricia,
las enfermedades corporales, la lascivia, la usura, etcétera, y contaminan y
pervierten a muchas gentes, manteniéndolas a su servicio en medio de la pobreza
y de la adulación y comunicándoles sus propios vicios. Por eso resultan
deficientes las funciones públicas y los servicios útiles. “
Ahí queda eso.
Una reflexión final. Los
nacionalismos también constituyen un no-lugar. Pero si alguno
integrase las páginas de una obra, al modo de la utopía de Campanella…
jamás podría merecer una unión de palabras como La Ciudad del Sol. Es un
título demasiado luminoso (bello) para algo tan oscuro.

