Cuentos. Augusto Monterroso (Honduras, 1921 –
México, 2003)
Libro. Alianza Editorial 2003. Ilustración: Ángel Uriarte. 161 páginas.
No es la primera vez que el autor hondureño, pero
guatemalteco de sentimiento, aparece en este blog, pues ya estuvo por aquí con
otro libro, “Movimiento perpetuo”. Magnífica obra.
En referencia al cuento y el relato corto creado en
Latinoamérica, ya de largo recorrido y reconocido prestigio internacional, me
parece una de sus figuras más brillantes, lo cual es decir mucho en las letras
latinoamericanas, habida cuenta de los ilustres nombres que han dado fama
mundial y todos tenemos en mente… Quiroga, Borges, Cortázar, García Márquez,
Carlos Fuentes, y me detengo aquí, ya que necesitaría cuatro o cinco líneas más
para traer otros insignes.
Monterroso no solo está a la altura de estos
autores, sino que su obra (exigua, desafortunadamente) alcanza ciertos picos de
genialidad no superada por los anteriores.
Intelectual de vastísima cultura literaria,
histórica y musical, lo que no es infrecuente en el elenco de escritores
citados, y no citados.
Las alusiones a fragmentos de obras y autores
clásicos grecolatinos en varios de sus cuentos son un sello característico,
aunque también admirados escritores de todas las épocas, o la aparición de
Bach, Mozart, Schubert y una larga nómina de músicos.
¿Lo que más me gusta de él?
Tiene una extraordinaria habilidad para entrelazar
su memorable sentido del humor (para mí, el más elegante de aquellos lares), con
una narración siempre imbuida de grave
solemnidad y circunspección, por ser un tono narrativo deliberadamente buscado
por el autor.
El resultado de tal comunión, entre un estilo
tendente al laconismo espoleado por su exquisito humor, deja una estela de genialidad y
desconcierto que encuentro irresistible.
Además, después de leer un cuento de Monterroso, la
reflexión y la actitud interrogante del lector, más allá del relato, están
servidas.
No quiero acaparar más atención, esto le
corresponde al siguiente relato. Uno de los primeros que escribió.
EL ECLIPSE
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido
aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había
apresado, implacable y definitiva.
Ante su ignorancia topográfica se sentó con
tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza,
aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el
convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su
eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de
indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un
altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de
sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano
dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron
comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo digna de
su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.
Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo
más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar
la vida.
- Si me matáis –les dijo- puedo hacer que el sol se
oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé
sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo,
y espero confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé
Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios
(brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los
indígenas recitaba sin ninguna inflexion de voz, sin prisa, las infinitas
fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de
la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda
de Aristóteles.
FIN
Hola Paco
ResponderEliminar“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí “ eso es lo primero que me trae a la cabeza oír el nombre Monterroso, me recuerdo hace muchos años, un poco novato en esto de la literatura, observando la frase arriba y abajo, incluso por encima del hombro, o de reojo para que no me descubriera, pero no le pillaba el asunto al cuento corto, o minicuento, nanocuentos, o como se llamaran entonces, pero con el tiempo, con la ayuda de la poesía, -debo decirlo- aprendí a encontrar el significado de esos nanocuentos, que son una elipsis en si mismos. Y ahora los sigo con gusto, quizá no tan “nanos”, pero me gustan mucho. Como me gusta Monterroso, del que hace poco tiempo compré -y tengo pendiente- “Movimiento perpetuo”
De la lista que pones de escritores , me gustan todos, menos Borges por razones diversas, y recuerdas a muchos que poblarían la página, yo cito uno: mi favorito entre todos esos , Juan José Arreola, adoro a ese tipo...
cuídate
Hola Wineruda
EliminarSí, el microrrelato del Dinosaurio, del cual Monterroso jamás desveló nada, simplemente lo dejó estar... Cada uno que lo interiorice a su manera. Frecuento la literatura Latinoamericana, me hace asomarme al mundo desde una perspectiva diferente pero con un lenguaje común, y la divergencia-convergencia que eso produce me parece, literariamente, muy estimulante. De Juan José Arreola, aunque aún no he leído nada, tengo apuntado su Confabulario desde hace ya tiempo, y su nombre y el de Monterroso siempre han estado próximos por ser considerados genios en esa suerte de sentencia, minirrelato... o lo que sea.
Barruntar algo que se intuye profundo desde tan efímero relato no está al alcance de cualquiera.
Abrazo!!
Genial. No lo conocía, así que te agradezco mucho el descubrimiento. Me encanta su sentido de humor. Estoy ahora mismo leyendo "La forma de las ruinas" de Juan Gabriel Vásquez, un escritor colombiano, que creo pronto se incorporará a las filas de los más ilustres autores latinoamericanos. Saludos
ResponderEliminarEs un autor que releo con frecuencia, sus cuentos y microrrelatos, o lo que sean, son una estupenda compañía en la mesita de noche, cultos, breves, geniales... El arte de decir tanto con tan poco es un valor que escasea. Estaré pendiente con ese autor colombiano que citas. Saludos!
EliminarNo conocía el cuento y me ha parecido genial. Ilustra perfectamente esa actitud soberbia de los colonizadores que trataban de incultos a unos pueblos que vivían allí mucho antes que ellos y que tenían una gran sabiduría que aún hoy seguimos sin descubrir.
ResponderEliminarMe ha gustado esa fina ironía del final, muy buena.
Un saludo
Monterroso tuvo cierta notoriedad allá por el 2000, cuando le concedieron el Príncipe de Asturias de las Letras. ES un claro ejemplo de autor muy valorado por sus colegas y casi un desconocido por la gran comunidad lectora en este lado del charco. Te lo recomiendo Conxita, para cualquiera que le guste escribir Monterroso es una perla negra.
EliminarUn saludo
Me lo apunto, gracias.
EliminarDe él, he leído 'La oveja negra' y me ha parecido fascinante. Monterroso demuestra que se puede elaborar un buen relato con escasez de palabras.
ResponderEliminarUn abrazo, Paco!
Así es, Monterroso es la virtud de la brevedad elevada a genialidad. Un escritor enorme... a pesar de ser tan bajito.
EliminarCuídate Marcelo!
Me encanta el humor, personal, de Monterroso. Pero sobre todo, esa habilidad para la sintesis. Ese don suele atraerme especialmente.
ResponderEliminarUn abrazo
El humor de Monterroso es el de los intelectuales de gran alcance, porque más que invitarte a reírte de los demás, le interesa provocar la risa sobre uno mismo, excelente terapia para la salud mental.
EliminarUn abrazo :)
Jajajaja, es muy bueno, eso por listillo!!
ResponderEliminarVerdaderamente tiene un humor fino, de los que me gustan a mi que rara vez me río con lo que se supone me debe provocar la risa.
Si se une al humor ese estilo solemne y circunspecto, la fórmula es para disfrutar son su lectura. No he leído a Monterroso, ya te he comentado alguna vez que no me gustan los cuentos, aunque he leído con placer a algunos autores como Cortázar o Borges. Tendré que pensarlo.
La foto de portada es espectacular, parece un batallón que se echa encima. Me encanta.
Abrazos!!
Amiga Laura
EliminarConsidero como prueba definitiva de que estamos ante un autor excepcional, Monterroso, el hecho de que haya logrado arrancarte, precisamente a ti, una exultante carcajada… Creo que ni de lejos me aproximo a cómo te lo hubiera dicho Augusto Monterroso :)
Laura, si no te gusta el cuento, entonces Monterroso, es el autor que has de leer… Nadie ha sido capaz de definir con nitidez su estilo, recupero lo que decía sobre su escritura en “Movimiento perpetuo” :
“La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo.”
Ese era su estilo.
Ah…La foto, ¡si vieses mi expresión de felicidad mientras fotografiaba esa nube!
Cuídate.
Genial uso de la ironía por parte de Monterroso. Como comentas, son relatos que invitan a la reflexión y todo concentrado en pocas palabras. Tengo un ejemplar suyo bastante a mano, que editó El País en una colección memorable; creo que aprovecharé este rato para echarle un vistazo, al hilo de tu recomendación.
ResponderEliminarSaludos.
Monterroso siempre es un autor al que me apetece volver, sus escritos son como píldoras con dosis concentradas de humor, ironía y reflexión. Un autor que hace buena, y necesaria, cualquier ocasión para leerlo. Aprovéchalo Gerardo.
EliminarSaludos.